¿No es por esto que viajo? La magia.

16Dic2017. De los mejores días del viaje. El día parecía el típico que rellenas de cosas secundarias en un viaje porque ya habías visto todo lo más interesante que la ciudad te ofrecía a nivel monumentos y esas cosas. Pero se ha convertido en un gran día donde uno recuerda por lo que intenta escaparse a algún lado en cuanto tiene la oportunidad.


Sagaing

Había pensado en visitar algunos pueblos cercanos a Mandalay que tuvieran alguna cosa que mereciera la pena de ver en una mañana o una tarde. Alquilé una moto por 15000MMK, más cara que en otros destinos, pero tampoco me molesté mucho en buscar. Pero te dan dos botellitas de agua como obsequio. Durante el trayecto se veían monjes y monjas pidiendo donaciones, si no es por la vestimenta ambos se confundirían, sobretodo niños y más ancianos, pues todos van con la cabeza rapada y los hombres apenas tienen bello en la cara.

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Lago Taungthaman.

El primero al que decidí ir fue a Sagaing. Situado junto al río Irrawaddy, está a unos 20 km de Mandalay. Su población es de unos 70000 habitantes y donde abundan sobremanera las stupas y pagodas, donde los birmanos budistas acuden a meditar.

La entrada desde Mandalay es a través de un par de puentes, desde donde se pueden observar una de las mejores vistas del país. Se divisan las colinas de la ciudad toda plagada de pagodas doradas brillando al sol (en este enlace está el vídeo que grabé a la vuelta, la calidad es pésima teniendo en cuenta que iba conduciendo la moto), lástima que no pudiera parar a hacer fotos. La ciudad es muy dispersa por lo que se tardaría más de un día en ver las principales pagodas. Hoy ha sido además, el único día del viaje que, de verdad, he echado de menos algún que otro objetivo de la cámara.

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Vista desde la Colina.

Yo elegí subir a la Colina de Sagaing, lo más característico que posee. Dejé la moto a sus pies compre unos pastelitos en el puesto de al lado con la esperanza de que vigilaran la moto y subí los empinados escalones que llevaban a la cima (se puede subir en coche hasta arriba). Aquí se sitúa un templo con su consiguiente stupa dorada. Las vistas son buenas y existen senderos para adentrarse en la colina y poder descubrir hermosas pagodas y santuarios que en ella existen.

Planeando la siguiente parada descarto Inwa y Mingun como poblaciones a visitar, están en lugares aislados por el río y los únicos puentes que comunican se desvían del camino, lo que aumenta mucho el tiempo en llegar. Otra opción es coger el transbordador que cruza el río pero no sé si admiten motos ni la frecuencia que tienen.

Desde la cima había visto una gran stupa que me llamó la atención, así que la fijo como mi segunda parada en Sagaing. Resultó ser la Academia Budista Internacional de Sitagu. Esta sede de las academias fundadas por el maestro budista Sitagu llama la atención desde casi todos los puntos algo altos de la ciudad. Su stupa dorada está rodeada por figuras de Buda y en su interior contiene un enorme salón de conferencias enfrente de la estatua del profeta.

 

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Vista desde la colina de Sagaing de la Academia Budista.

Es pronto pero tengo mucha hambre así que paro en uno de los pocos restaurantes que encuentro, el Sagaing Hill Restaurant (muy original el nombre). Y creo que he acertado, aunque no tengan wifi. Las mesas están en el exterior pero en unas especie de cabañas que hacen que el lugar sea bastante agradable. El pollo con salsa de naranja que pido estaba delicioso y regalan un pequeño bol con fruta como postre. Al rato empiezan a llegar grupos de turistas con los guías, es el típico sitio donde los guías llevan a sus clientes. Aún así es un sitio que está bien. Más tarde escuché a uno de ellos como explicaba que era de los pocos restaurantes que existían en el pueblo. Y sigo sin que me pongan un café con leche de verdad, lo único que me dan es un sobre de leche en polvo que ni se parece a la leche. Al salir le doy una propinilla a un chico de la puerta con los dientes negros del betel que había sido extremadamente amable cuando llegué con la moto y al que le faltaba una pierna.

Estoy tan a gusto en Mandalay que empiezo a pensar que todo el mes y medio que llevo de viaje estaba destinado a que llegara aquí. Me encanta ver como la gente no está aún apenas contaminada por el turismo y aún te miran extrañados cuando ven un occidental solo andando por sus calles. Como los niños tras agachar la cabeza antes de lanzarte miradas furtivas y terminar acercándose a darte la mano en cuanto les sonríes, a lo que ayudan las personas mayores que los achuchan a socializar conmigo.

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Es cierto que hay turistas, pero los que veo, van de un lado a otro en taxi o buses de tour operadores. No suelen andar ni recorrerse la ciudad de una manera en la que interaccionar con la gente de aquí.

Cuando salgo del restaurante y llevo un rato en la moto, me doy cuenta de que voy sin casco… y no sabía donde me lo había dejado. Vuelvo al restaurante y el chico de la puerta me dice que no lo llevaba cuando llegué, nada más se me ocurre volver a la academia budista a por él y… por suerte allí estaba, en la misma piedra donde lo había dejado para calzarme. Y sigo mi camino, la seguridad ante todo.


Amarapura

De camino a esta ciudad, efímera capital, me cruzo con una celebración de boda. Una procesión, sobretodo de mujeres, vestidas para ocasión con vestidos de colores llamativos que hacían que el conjunto fuera colorido y lleno de alegría. La novia iba sobre un elefante y varías carrozas se unían a la comitiva, tiradas por caballos o por bueyes. Los niños tampoco se libraban de ir vestidos para la ocasión. El tráfico se paró para dejar pasar al desfile, donde también se tocaban instrumentos de percusión a la vez que sonaba música en unos altavoces que iban en otras carrozas.

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Allí pasé un rato de lo mejorcito, rodeado de niños que me pedían que les hicieran fotos mientras hacían muecas y se reían. Las chicas saludaban y sonreían a la cámara, tímidas y alagadas por igual miraban coquetas mientras lanzaba fotos. Ellos me preguntaban de donde eran y se interesaban por mi vida, mi viaje y por mi equipo de fútbol. Aquí todo el mundo conoce al Madrid y al Barça.

Tras dejar pasar a la comitiva, sigo mi camino cruzando el puente, donde grabo el vídeo que he comentado, incluso se ve cómo la policía me adelante y ni se inmuta al verme grabando subido en la moto (esto no se debe hacer nunca). Pasé por el monasterio Mahagandhayon, que realmente no me llamó nada la atención. Es famoso porque cientos de monjes desayunan todo los días a las 10:30, supongo que será porque es más tarde que el resto de los mortales.

Y llegó al principal punto de interés de Amarapura, su puente U Bein. Dice ser el puente de teca más largo del mundo con 1,2 kilómetros y fue construido alrededor de 1850 sobre 1086 postes de teca. Hay que tener cuidado porque el entarimado tiene huecos importantes entre sus tablas y durante mucha parte de su recorrido carece de barandilla.

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U Bein.

Como no puedes pasar con la moto, decido pasear con ella por debajo. Me rodeo de agricultores, pescadores, amas de casa, niños etc. mientras doy vueltas y voy descubriendo a estas gentes y sus labores. Muchas de esas personas viven con sus familias en chamizos cerca del río. Los guiris flipaban al verme con la moto por allí abajo mientras paseaban por el puente. Pasé un rato divertidísimo antes de volver a la carretera a rodear el lago Taungthaman para llegar al otro extremo del puente y, desde allí, recorrerlo.

De repente, una fila de budas que se veía desde la carretera captan mi atención. Se trata de Taung Min Gyi Pagoda, que se encontraba en construcción, aunque no consigo averiguar el nombre, todo el mundo me atiende genial, hablan conmigo los hombres que estaban poniendo el suelo, los que estaban llenando de color un Buda sentado sobre Naga, e incluso un monje me saluda efusivamente. En su interior, aún sin acabar, se hayan cientos de budas, todo esta lleno de ellos, menos el suelo y el techo de uralita.

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Budas en linea visibles desde la carretera.

Por supuesto, había que descalzarse, y al estar en obras, no estaba muy limpio que digamos. Pero no me importó, me hacía ilusión creerme que era de las primeras personas que caminaba por allí, y, porqué no, el primer turista en hacerlo.

El lugar era magnífico, en su jardín estaban algunos de los budas más grandes que he visto, entre ellos uno reclinado, que según el operario medía unos 100 metros, y otro Buda sedente, me comentó que unos 35 metros. Creo que exageraba, pero no he encontrado más información al respecto. Una vez más, se me olvidaba el casco allí, en otra piedra donde lo había dejado secándose tras haberse caído en un charco.

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Kyauktawgyi Paya.

Tras dar la vuelta al lago, me paré a contemplar un grupo de stupas que tenían muchísimo encanto, pese a estar semi abandonadas. No he conseguido saber ni el nombre. Y antes del puente visité la Kyauktawgyi Paya, una pagoda cuyo Buda tenía las típicas en Birmania luces de feria sobre la cabeza. La entrada es bastante bonita y reconocible, la stupa blanca tiene también mucho encanto y es agradable su tranquilidad.

Al fin en el puente U Bein de nuevo. Mi idea era sentarme a leer un rato mientras esperaba el atardecer. De todas me fue completamente imposible hacerlo, tal era la cantidad de cosas que me atraían del lugar. Fui incapaz de dejar de observar a las personas que estaban trabajando, desde pescadores a mujeres tendiendo la colorida ropa al sol. Y es en este momento cuando aparece la magia de viajar, bajo los colores del sol que empezaba a descender sobre el horizonte tiñendo el agua del lago de colores plateados. Es aquí donde recordé porqué viajo. Pese a la cantidad de turistas que había sobre el puente o en los chiringuitos cercanos, yo decidí volver a bajar y pasear entre la gente que allí vivía. Pasee junto a un hombre que llevaba su ”rebaño de patos” de un lugar a otro, junto a unos pescadores que estaban desembarcando sin mucho éxito en sus capturas, y me senté a ver como un grupo de niños jugaba al fútbol. Poco importaban los turistas, en este momento me sentía el único guiri.

Hablaba con la gente, aunque no nos entendiéramos, pero conseguíamos sonreírnos y ellos encantados de que estuviera allí haciéndoles compañía, una nueva. Cuando ya el sol se escondía, me uní a un grupo de pescadores que estaban preparando las redes para mañana, mientras yo contemplaba el anochecer, para ellos no tenía ningún misterio, y uno de ellos, que hablaba inglés estuvo hablando conmigo un buen rato y haciendo de traductor con el resto, incluso llegó a decirme que cenara con ellos, pero era marisco y soy alérgico. Por todo esto viajo. Suena cursi, pero tenía la sensación de que este país, al que apenas conozco, ya me había enganchado. Me sucedió algo parecido con la India. Y por eso escribo este blog, para poder recordar todas estas sensaciones que hoy he vivido y, si es posible, acercarme a volver a tenerlas. Sensación de estar en un lugar único, el único maravilloso. Que el tiempo se congele.

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Supongo que si habéis estado, y no habéis experimentado esto, pues sonará a cachondeo, pero estas son las cosas que uno quiere vivir cuando viaja.

Teniendo que volver, subí al puente y me dirigí a donde había aparcado, cuando me ”asaltan” dos chicos, uno monje. Algo habitual para mejorar su inglés ENLACE. Echamos un rato bastante grato mientras caminábamos hacia las motos. Nos despedimos y quedamos para mañana, pues querían seguir practicando el inglés. Les dejé mi facebook para poder concertar y de vuelta al hotel.

Durante el camino de vuelta, ya de noche, el polvo que durante el día había golpeado en las gafas, ahora entraba en los ojos. La luz era, cuando la había, bastante escasa. Por no hablar de las motos que ni siquiera tenían y que la de los coches te cegaba. Conducen igual de locos que por el día y voy pensando que en cualquier momento a alguien le da por cruzar, y no tengo capacidad de reacción. Pero, afortunadamente, llegué sano y salvo al hotel.

Salgo a cenar al Mr Bar BQ, donde hay algún que otro niño trabajando. El pato con salsa de cerveza está realmente bueno pero ponen más hueso que carne, cosa que no me hace mucha gracia y por la que tengo que pedir cubiertos porque con los palillos es imposible. En cuanto al precio, tampoco es que sea muy barato.

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Y tras la cena ya descansando en el hotel sin saber que hacer mañana antes del vuelo a Bagan, el auténtico destino turístico del país.

Ya veremos.
IG: llopis_ig

FB: Viajes al infinito

 

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A por el viaje de mi vida: 2 meses, 10 países.

San Petersburgo, ¿la Venecia del norte?

Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

Etapa 3: Pekín. Capado en el país del escupitajo

Etapa 4: Seúl y sus palacios.

Etapa 5: Vientam. Hanoi, donde conseguí mi primer millón.

Etapa 6: Camboya. Angkor directa al top. Parte I.

Etapa 7: Campo de la muerte Choeung Ek, y llegada a Vientián.

Etapa 8: Adiós Laos, llegada a Bangkok (Tailandia).

Etapa 9: Hay que volver a Tailandia, y ahora a disfrutar de Myanmar.
A mí abuela.

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