Mandalay, entre pagodas anda el juego.

15Dic2017. Hoy ha cundido bastante el día, que empezó poniéndome las botas en el buffet desayuno del Hotel Victoria Point. No es que fuera el mejor del mundo, pero era la primera vez en el viaje que disponía de un buffet con productos más parecidos a los que solemos desayunar.


Palacio de Mandalay

Cogí la bici y me dirigí a la puerta oeste del recinto, pero por ella solo pueden entrar los locales, me dirijo a la puerta norte, y lo mismo, y al final conseguí entrar por la puerta este, que es la única de acceso para extranjeros.

DSC_0592
Foso y muralla del Palacio.

Un enorme recinto totalmente amurallado y rodeado por un foso. Donde a los extranjeros solo se les permite acceder al recinto palaciego. El resto de la zona de intramuros queda totalmente restringida y está vigilada por militares armados. Es el único lugar en el viaje donde no he podido moverme por donde he querido junto con la frontera coreana.

La entrada son 10000MMK o 10$, saliendo claramente más económico la primera opción. Te dan una acreditación y tienes que dejar el pasaporte o el DNI. Luego, me explicaron que la entrada incluye los principales puntos de interés de la ciudad. La sensación era de que si me salía un poco del camino, me podría llevar un susto.

DSC_0618

El palacio original fue construido por el rey Mindon en 1859 y fue residencia real hasta 1885. Durante la IIGM fue arrasado quedando solo en pié un par de edificaciones. Lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de los años 90. Comprende más de 40 edificios de madera. Desde la torre mirador se tienen una vistas de todo el recinto. Su edificio más representativo es la pirámide que alberga el salón del trono. Uno de los edificios es el museo cultural, que tampoco me ha parecido nada del otro mundo.

DSC_0660
Torre de la entrada al Palacio, Colina de Mandalay al fondo.

Paseando por el recinto, donde un par de monjes no paraban de hacerse selfies, recibí un golpe en el brazo, cuando me giré para ver quien había sido vi un monje de espaldas a mí, y aún sigo preguntándome a qué vendría tal bofetada. Dejo la acreditación, recojo el DNI, rechazo el ofrecimiento de un taxi por un militar y continúo mi camino en bici.


Shwenandaw Kyaung y Maha Atulawaiyan

Ambos están incluidos en la entrada arqueológica. El primero es un bonito monasterio de teca con impresionantes tallas. Su interior es completamente dorado aunque es bastante oscuro y no brilla tanto como podría, igualmente es acogedor. En su día formaba fue levantado en Amarapura, pero posteriormente fue trasladado al interior del complejo palaciego por el rey Mindon para ser sus aposentos, tras su fallecimiento en ellos su hijo el rey Thibaw lo volvió a trasladar en 1883 a su actual ubicación. Un lugar que merece realmente la pena. Me recordó a Shwe In Bin Kyaung, también en Mandalay.

DSC_0684
Shwenandaw Kyaung.

El monasterio Maha Atulawaiyan se encuentra justo a su lado, fue construido en 1857, y es realmente imponente. Está situado en una bifurcación siendo el único edificio en ella, lo que acrecienta su magnitud. Está formado por una terraza donde se encuentra una gran nave con suelo de mármol y techo de madera con adornos dorados. Esta nave también impresiona por su tamaño y más aún, cuando únicamente contiene la figura de un Buda no muy grande. Te sientes pequeñito allí dentro.

DSC_0688
Nave de Shwenandaw Kyaung.

Y seguimos.


Kuthodaw y Sandamuni Paya

Kuthodaw paya (incluido en la entrada) es conocido por considerarse el libro más grande del mundo. Se trata de una stupa dorada de 57 metros realmente bonita rodada de 729 stupas blancas que contienen losas con escritos del Canon Tripitaka, los escritos sobre los fundamentos del budismo Theravada, la escuela más antigua del budismo temprano. Es muy bonito pasear entre las stupas. Fue construido en 1868.

DSC_0693
Kuthodaw paya.

Tras la vuelta por ellas me acerco un poco al centro para comer. La oferta gastronómica de la ciudad es bastante pobre y hay que buscar para encontrar, y difícil dar con lo que te apetece en ese momento, así que decido parar en Menú café, un sitio donde son agradables pero no tienen wifi, aunque los espaguetis a la carbonara estaban buenos.

Vuelvo junto a Kuthodaw Paya donde se encuentra Sandamuni Paya, otro lugar, prácticamente, idéntico al anterior y gratis. Se diferencia básicamente en que no se puede pasear entre las pequeñas stupas, la galería que rodea la stupa dorada esta techada y que contiene 177 stupas con losas. Probablemente pidan 2000MMK por aparcar, pero con alejarse un poquito y dejar la bici o moto a unos metros del recinto está solucionado.

DSC_0714
Sandamuni Paya.

Camino a la parada final del día, me encuentro con Kyauktawgyi Pagoda. Otro complejo religioso con un original stupa central en cuyo interior se encuentra un Buda totalmente blanco y rodeada de pequeñas stupas con budas en diferentes posiciones. Lo más llamativo del templo son los neones, que abundan en las columnas y techos y cuyo brillo llega a causar dolor de cabeza.


Colina de Mandalay

Y llegamos al final del día, donde me quedaré hasta el atardecer. Durante la subida la colina (230 metros) me coge por banda un novicio de 17 años para practicar inglés. Toda una experiencia, ya que, tras pasar una impresionante puerta defendida por dos leones gigantes, te descalzas, pero no todo está tan limpio como en los templos, y las palomas abundan en la colina…

Dejo la bici, sin pagar el parking porque no tengo cambio, me tomo un zumito de piña, que lleva más agua que otra cosa, y me dispongo a subir tras dejar los zapatos en unas taquillas que tampoco pago por el mismo motivo. Toda la subida está adornada de pagodas y motivos religiosos. Algunas por las que paso son: Chedawya, Pyilone, Seaiatamau, Byardeikpaye (cerrada), otra que no tenía ni nombre pero se estaba cayendo literalmente, Myatsawnyinaung, Hlaing bu Daw, Ngon Minn (donde los donantes importantes tienen derecho a escribir su nombre en los muros), y una vez en lo alto encuentras la pagoda Sutaungpyei.

DSC_0752
Toda dorada con un santuario en cada punto cardinal. Hay que pagar 1000 MMK por ser turista para acceder y el último tramo se puede subir en escaleras mecánicas o ascensor. Me despido de mi amigo el futuro monje y sorprendentemente rechaza una donación e incluso una galleta, algo que no me esperaba. Pero cuando me siento un rato a leer para esperar la puesta de sol, se sienta conmigo otro chaval birmano que viene con su no novia, ya que me explica que se ha declarado pero la chiquilla aún está decidiéndose. Poco caso le hará si se sigue sentando con guiris a hablar de fútbol, pasando olímpicamente de ella. Y más, cuando la pobre estaba cortadísima de la vergüenza. Pero el chico era muy majo y estuvimos hablando hasta que el sol se escondió, y por más que lo intentaba, no conseguía introducir a la chica en la conversación, no confiaba en su inglés.

DSC_0764
Respecto a la puesta de sol, el entorno no era el más bonito donde haya visto una, pero los colores que resplandecían cuando alcanzó la altura de los bancos de niebla que se estaban levantando. Precioso como se iba nublando la ciudad y los rayos de luz se dispersaban. En este punto, el mirado había quedado colapsado de guiris.

DSC_0788
Muralla y foso del Palacio al anochecer.

Me despido de los chicos deseándoles suerte y empiezo el descenso. Debo de tener cara de hablar inglés perfectamente, porque otro chico quería practicar y me acompañó. Me llegó a contar lo mucho que le gustaba la música española, sobretodo la de Daddy Yankee… hasta que se dio cuenta que se había dejado algo arriba y volvió a subir. Pero entonces me encontré con unas chicas, española y francesa, que no sabían muy bien el camino así que les acompañé y estuvimos charlando sobre batallitas viajeras.

Pago mis deudas, a la que guardaba los zapatos y a la de parking, y de nuevo a la bici. Paro a cenar (19:00, pero tenía hambre) en Pizza Central, ¿y qué me voy a pedir en un sitio con ese nombre? Pues una hamburguesa de pollo. Estaba buena pero no para tirar cohetes, se les había acabado el jamón y el wifi iba regular, aún así no era mal sitio para un antojo de comida rápida.

De camino en la bici, ya de noche, había que tener mucho cuidado. La ciudad no está apenas iluminada y los coches y motos van igual de locos que en plena luz del día. Incluso, una moto se puso en paralelo conmigo para convencerme de que necesitaba un guía y él era el adecuado.

DSC_0704
Sandamuni Paya.

Y ya en el hotel, que mañana intentaré alquilar una moto para ir a algunos pueblitos cerca de Mandalay donde puede haber cosas chulas.

 

Mañana lo cuento.
IG: llopis_ig

FB: Viajes al infinito

 
Más enlaces relacionados con este viaje:

A por el viaje de mi vida: 2 meses, 10 países.

San Petersburgo, ¿la Venecia del norte?

Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

Etapa 3: Pekín. Capado en el país del escupitajo

Etapa 4: Seúl y sus palacios.

Etapa 5: Vientam. Hanoi, donde conseguí mi primer millón.

Etapa 6: Camboya. Angkor directa al top. Parte I.

Etapa 7: Campo de la muerte Choeung Ek, y llegada a Vientián.

Etapa 8: Adiós Laos, llegada a Bangkok (Tailandia).

Etapa 9: Hay que volver a Tailandia, y ahora a disfrutar de Myanmar.

 

Un comentario en “Mandalay, entre pagodas anda el juego.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s