Mandalay, centro de la cultura birmana.

14Dic2017. Ahora descansando en el Hotel Victoria Point después de un día bastante largo, que empezó a las 3:45 de la mañana (menudo brinco pegaron los de recepción que estaban durmiendo allí), para coger un taxi a las 4:00 (me costó 10000MMK) para llegar al aeropuerto y coger el vuelo a Mandalay desde Yangón. Desayuné algo antes y después del control de seguridad y al avión.

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Feligreses rezando en Mahamuni frente al Buda.

El vuelo con Golden Myanmar Airlines fue bien, sin nada reseñable salvo que pusieron un desayuno que no estaba mal y que al aterrizar tardamos muchísimo en coger el bus a la terminal y este se equivocó de camino. Durante el vuelo estuve hablando con un chino que se dedicaba a la importación de vino europeo en Myanmar (ahí es nada) e incluso me propuso un negocio. Le di mi email por si acaso.


Llegada a Mandalay

Al llegar al aeropuerto, recogí la maleta que tuve que facturar y me dispuse a coger un taxi. Hay que hacerlo a través del mostrador habilitado para ello. Hay tres modalidades: taxi compartido (4000 MMK), de 3 plazas (12000 MMK) y de 7 (15000 MMK). Yo me decanté por el primero, pero no se terminaban de llenar las plazas y el conductor nos propuso que por 5000 MMK cada uno de los que estábamos allí, nos llevaba a la ciudad, si no habría que esperar a que se llenase. Tardamos casi una hora.

Pero ya estamos en Mandalay, la ciudad más importante al norte del país con alrededor de un millón de habitantes, es para muchos el centro cultural del país. Y aquí es donde he visto el tipo de ciudad que me esperaba: caos en el tráfico, calles sin asfaltar, suciedad y basura en las calles. Más o menos la imagen que me encontré en Calcuta cuando estuve allí en 2009. Pese a todo eso, me está pareciendo una ciudad encantadora aunque algo fría en el trato con la gente, y es algo que he sentido desde que aterricé en Myanmar. Cuan diferente de todo lo que he visto hasta ahora.

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Monje rezando y recibiendo las enseñanzas.

En el hotel Victoria Point tenían la habitación limpia, así que paré a descansar una horita para visitar algo, viendo que con los casi 3 días que tendría aquí, me podría tomar esta etapa con algo más de tranquilidad. La habitación está limpia y bastante apañada, aunque como es habitual en estos países, la humedad se acumula en las mismas. Dan un par de botellas de agua como cortesía y unos noodles envasados pero cobran 3 euros por pagar con tarjeta. Tampoco está muy bien situado, pero como contraprestación te dejan la bicicleta gratis. Por otro lado, la bicicleta mejor que me han dejado en este viaje sin duda.

Tras descansar, me dirijo al supermercado porque todavía no había comido pero solo consigo comerme unos donuts, no hay muchas más cosas. Eso sí, la chica me persigue por los pasillos, no sé si porque no se fiaba o por cortesía. En cualquier caso la intento ignorar.


Mahamuni Pagoda

Esta es la primera parada del día y a los extranjeros con cámara nos cuesta 1000 MMK entrar. La verdad es que el país está aún lejos de ser turístico como sus vecinos, pero tienen la lección aprendida y cobran prácticamente por todo. En este caso, la stupa estaba en obras y tapada por fuera. El color dorado lo domina todo, difícil mirar directamente si no estás a la sombra.

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Hombres colocando el pan de oro.

Pero dentro, cientos de personas acuden cada día a rendir tributo al Buda del Muhamuni, de 4 metros de altura. La imagen es la más venerada en todo el país y se dice que tiene más de 2000 años de antigüedad, siendo la única copia de Buda, hecha durante la vida del mismo y siendo este su modelo, aunque los historiadores la sitúan unos ocho siglos después. Como ofrenda los hombres colocan pan de oro en la estatua, por lo que se ha ido deformando con el tiempo, llegando a tener 15 cm de oro puro sobre él, menos en el rostro que mantiene brillante.

Y como es habitual, son bastante estrictos con el atuendo. De hecho, se reían de mí los de seguridad viendo como bajaba los pantalones al máximo para que se cubrieran mis rodillas. Finalmente lo consigo y puedo pasar


Shwe In Bin Kyaung

De vuelta con la bici cogí rumbo a este templo situado cerca del canal Thinga Yazar, que por cierto estaba sucio como no os podéis hacer una idea, con el agua prácticamente estancada.

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Se ve el color del río y la suciedad en la orilla.

Y aquí se sitúa el templo en mitad de un monasterio, donde los monjes estaban recibiendo sus enseñanzas. Aquí escapas de todo el ruido y caos que se vive en las calles. Este precioso templo de madera de teca fue encargado en 1895 por dos comerciantes chinos. Se apoya sobre pilares de madera y sus cornisas y balaustradas contienen elaboradas tallas. Todo en él es oscuro pero no por ello deja de ser bello. Tanto desde fuera, como colocado en sus terrazas, me dio la sensación de estar en un barco de madera verdaderamente imponente. Una pena que en algunas partes se detecte cierta decadencia y las tablas de las terrazas no siempre están bien fijadas y juntas.


Y a descansar

Cuando salgo, decido pasar por la zona de los talleres de pan de oro, pero los debí de pillar cerrados porque no vi nada ni que se pareciera, así que paré a tomar un café en Nova Café. Una cafetería con aires modernos en un segundo piso. Te atienden bien y lo que pedí estaba rico, un sándwich y un té que te sirven en una bombilla.

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Detalle de las cornisas de Shwe In Bin Kyaung.

Antes de pararme a descansar, paso por una frutería donde confirmo que no he encontrado fruta a un precio parecido al de España en todo el viaje, siempre mucho más cara, dejo ropa en la lavandería de enfrente porque el hotel tiene unos precios desorbitados. Aunque aquí cobran por pieza de ropa y no por kilo como había visto hasta ahora.

Tengo que decir que la ciudad me parece cómoda aunque los lugares de interés están distantes y es mejor usar bicicleta o moto para cubrir las distancias. Además me parece la ciudad más fresca desde que dejé Vietnam. Además me ha gustado el paseo porque, al contrario que en Yangón, me parece que aquí no están tan acostumbrado a que el turista esté por la calle, y la gente se me queda mirando al verme en la bici como uno más e incluso los niños, que cuando me ven se quedan tímidos, terminan levantando las manos para saludarme a mi paso.

Y ya entregué la bici hasta mañana, cené algo en el hotel que no es que sea una maravilla, pero lo hice en la terraza que, aunque las vistas no sean espectaculares, se está muy a gusto y una señora se queda tocando instrumentos típicos birmanos.

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Shwe In Bin Kyaung.

Mañana será algo más duro que hoy. Necesitaba un día más o menos tranquilo después de más de mes y medio a matacaballo por cada sitio que pasaba.

Hasta mañana.
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2 comentarios en “Mandalay, centro de la cultura birmana.

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