Etapa 9: Hay que volver a Tailandia, y ahora a disfrutar de Myanmar.

12Dec2017. Pues ya me despedí de Bangkok, único sitio de Tailandia que he conocido. Me da pena, porque no he tenido ocasión de disfrutar de otros lugares. Llegué aquí de casi de rebote, y me voy pensando en volver. Si Bangkok me ha sorprendido, ¿qué no harán otras zonas del país?

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Yo.

Aunque el día empezó regular, fue cambiando y ahora estoy deseando que llegue mañana para poder seguir explorando Yangón, la antigua capital de Myanmar. Y digo esto porque esta mañana cuando ya estaba en el taxi camino del aeropuerto, me he acordado que me dejaba en neceser , hemos dado la vuelta pero eran las 5:45 de la mañana y no había nadie para abrirme así que allí se quedó. Y yo con la cara de tonto sabiendo que lo había dejado encima de mi cama para poder ponerme la mochila y bajar. Pero en fin… ya se pasó el cabreo. El taxi me costó 7 dólares y 40 THB ya que el taxista no tenía cambio y tuve que pagar de esa manera tan rara, algo más de lo acordado porque el chico se había portado.

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En el hostel me dejaron algo para desayunar junto a un dibujo de mí.


Llegada a Myanmar

El vuelo con Bangkok airways poco que reseñar. Vuelo tranquilo, ni mucho menos lleno. Dan un desayuno que estaba bastante bien, con tortilla, patata y salchichas. Y tras hora y media llegamos a Yangón, antigua Rangún. Capital de Myanmar hasta 2005 cuando se trasladó a la nueva Naipyidó. Con más de 5000000 de personas no está tan desarrollada como otras capitales del sudeste asiático, y se encuentra a la orilla del río que lleva el mismo nombre, que significa ”ciudad sin enemigos”.

En el aeropuerto nos reciben villancicos por megafonía mientras esperamos la cola del control de pasaporte, que es bastante lenta. Los ciudadanos españoles necesitamos un visado para entrar en el país, pero es muy fácil conseguirla a través de Internet y tiene una valide de 30 días. En el avión se completan un par de formularios que se entregarán en la frontera y con el sellito en el pasaporte ya estamos en un nuevo país. El octavo de este viaje.

Intento conseguir un taxi por 10000 MMK, pero al ser rechazado un par de veces, consigo uno por 11000. Cuando me monto veo que el taxista le da 1000 al hombre que había negociado el precio conmigo. Por lo que supongo que si vamos directamente a la cola de taxis, nos saltamos al intermediario y algo más económico conseguiremos el transporte. También me doy cuenta que aquí, la mayoría de los hombres tienen los dientes negros por el betel que mastican. Al llegar al hostel, el taxista no tiene cambio y se queda con 500 más, pero no tengo ganas de discutir. Al cambio son unos 30 céntimos de euro.

Mientras vamos de camino, observo que no hay tuk tuk en la ciudad, hay unos rickshaws, una especie de sidecar soldado a una bicicleta para transportar a una o dos personas. Tampoco hay motos, una prohibición de la junta militar que gobernaba el país hasta 2011 las prohibió en esta ciudad. No hay explicación oficial pero las leyendas apuntan a que un general o algún familiar tuvo un accidente y tomó esta decisión tan peculiar. Otra peculiaridad es que el volante de los coches está a la derecha pero el sentido de circulación es hacia la izquierda… una locura.

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Rotonda de U Wisara.

Tras más de una hora de camino llegamos al hostel, Little Yangon. Tiene buena pinta. Las chicas son simpatiquísimas, me ofrecen un zumo de naranja al llegar. Esperé a que tuvieran mi cama lista y me acompañaron al cuarto. Como siempre descalzo. La habitación está limpia, dan toalla y desayuno. De momento no se puede pedir más. Cierto es que es de los hostel más caros en los que me voy a alojar, unos 12$ la noche. Está dividido en dos edificios, uno enfrente del otro en la misma calle. Una calle, como las que me espero en el sudeste, sucia, llena de gente y de olores que no son agradable, aunque el conjunto de todo ello es parte de lo que me atrae de estos países. Como curiosidad, me hace firmar un papel de que estoy advertido de que si traigo prostitutas al hostel, nos echan a los dos y me avisan que en el país la prostitución está prohibida. Un alivio que me hayan avisado.


A EMPEZAR

Como esta vez llegué tempranito, pido que llamen a un taxi para ir al Museo Nacional, ya que se encuentra a unos 5 kilómetros y andando con el calor… es una lata. Por 2400 MMK me llevan. Me como una hamburquesa antes de entrar en Café Yangon, la cafetería del museo. Está bien aunque es algo más caro que comer fuera y la hamburguesa era de la mitad del tamaño del pan, pero tenía hambre, el té con limón estaba bastante bueno y decoran el plato con arbolitos de Navidad hechos con Ketchup, me ganan.

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La entrada al museo son 500 MMK para los extranjeros, te piden que te registres en un libro de visitas y no permiten entrar con mochila ni con cámara. Hay guías que se ofrecen a explicarte las exposiciones, pero preferí hacerlo por mi cuenta. Ahí podría estar el error, porque lo expuesto es bonito de ver, pero son cuatro plantas sin un letrero explicativo, lo que lo hace un poco aburrido y largo. E incluso algunas salas tienen las vitrinas con los objetos expuestos detrás de unas rejas, algo que nunca había visto. En general, creo que es un museo bastante prescindible, como casi todos los que me estoy encontrando por el camino (el de Seúl me pareció impresionante). Aunque compensa que haga fresquito y fuera haga 35 grados.

Lo más famoso que alberga es el Sihasana (Trono del León). Tiene 8 metros de alto con gemas incrustadas y perteneció el último monarca de Myanmar.

Una vez acabada la visita al museo pongo rumbo a lo más impresionante que vi hoy. De camino me fijo en que la mayoría de los hombres llevan el típico lungui, incluidos los niños y niñas que van a la escuela. Y tras pasar por la rotonda de U Wisara (monje birmano que murió en prisión tras 166 días en ayunas en 1929 en protesta con régimen británico), llego a la puerta oeste de Shwedagon Paya, flanqueada por dos figuras enormes, donde me obligan a quitarme los zapatos, los calcetines y a bajarme el pantalón por debajo de las rodillas. Esto es algo que aquí se lleva a rajatabla en todos los templos y que me hace andar como un pato por llevar el pantalón tan bajo. Por cualquiera de las cuatro puertas, se accede al recinto tras recorrer un amplio pasillo con columnas y subir unas escaleras mecánicas, todo este trayecto lleno de tiendecitas de souvenir y de ofrendas, y un control de seguridad. Y al fin en el complejo.

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Puerta Oeste.

Un complejo lleno de templos. Llegar cuesta 10000 MMK y me transmitió la sensación de estar en un parque de atracciones del budismo. Todo estaba rodeado de stupas, templecitos y santuarios, con infinidad de figuras de Budas de todos los tamaños y gestos. Y en el centro la gran stupa de 99 metros supuestamente decorada con 27 toneladas de pan de oro junto con diamantes y otras piedras. Aquí se custodian 8 cabellos de Buda Gautama, fundador del budismo. Esto lo convierte en uno de los lugares más sagrados dentro de esta religión. Mañana intentaré verla al anochecer, que dicen que cambia de color. El suelo de mármol achicharra cuando el sol pega como hoy ha pegado. Me llama también la atención que se paseen por aquí ”monjas”, y no por eso, si no porque no sé cual es su denominación oficial y nunca había visto tantas como aquí.

También hay algunos guías que intentan captarte como cliente, pero rehuyo y salgo a dar un paseo por el parque camino a la siguiente parada. Antes, me dan una toallita para limpiarme los pies y ponerme los zapatos, esperando la consabida donación, por supuesto.

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Shwedagon Paya.

Paso junto a un templo tras una piscina artificial y decido visitarlo atravesando la pasarela que salva la piscina. Es la pagoda Kyaethoon y poco más he podido encontrar. Sigo mi camino y llego a unas escalinatas, subo y empiezo a introducirme en unos monasterios budistas y pasando por chabolas, siendo rodeado por un olor poco agradable. Pero al final llego al Templo Ngahtatgy Paya, un templo de uralita en cuya entrada me paran unos monjes para hablar conmigo, me invitan al monasterio y les prometo que si me da tiempo me pasaría, finalmente no pude. Y entré, y pude observar una bonita imagen de Buda de 14 metros de alto, salpicado de piedras preciosas y todo de blanco es uno de los más bonitos del sur del país. Y encima, no es muy visitado, pues está un poco a desmano.

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Bajando las escaleras principales, contrarias a las que había entrado, y cruzando la calle se encuentra el Templo Chaukhtatgy Paya, donde me para otro hombre para ofrecerse como guía. Este templo, también de uralita, acoge al Buda Reclinado de 65 metros. Igual que el Buda anterior, este es blanco e impresiona su gran tamaño, casi imposible de abarcar con la mirada. Aunque el original se construyó en 1907, estamos ante una reconstrucción de 1966 y una ampliación del tamaño en 1973. Estos dos templos están rodeados de monasterios.

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Paro a comer algo en Café 20, un local junto a la entrada del templo donde no son muy simpáticos, aunque creo que es más por vergüenza que por otra cosa. Pago y salgo en busca de un taxi, paro a dos que ni siquiera sabe donde está el hostel y mucho menos quieren llevarme, y ni siquiera había dado un precio. Con el tercero tuve más suerte, me dijo 5000 y conseguí bajar a 3000 sin mucho esfuerzo… y le tuve que poner el GPS porque desconocía donde tenía que llevarme. Tras dejarme en el hostel, voy al súper a comprar agua y algo de picoteo y ahora estoy ya en la cama para mañana empezar a tope.

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Monje yendo a alimentar a los perros.

Myanmar, o Birmania, promete bastante, mañana paso el día entero aquí antes de ir a Mandalay. ¡¡¡Qué ganas!!!

Hasta mañana.
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Etapa 6: Camboya. Angkor directa al top. Parte I.

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6 comentarios en “Etapa 9: Hay que volver a Tailandia, y ahora a disfrutar de Myanmar.

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