Y nos lo queríamos perder. Bangkok.

09Dec2017. He venido a aquí podríamos decir que de casualidad. No me apetecía conocer Tailandia como otros países a los que voy menos de lo que me hubiera gustado. La cosa es que para llegar a Myanmar tenía que hacer escala en Bangkok, y en ese momento pensé: ”Ya que tengo que pasar, ¿porqué no quedarme unos días?”. Bendita decisión.

No es que la tuviera manía por nada en especial, simplemente TODO EL MUNDO HABÍA ESTADO. Y por tanto, demasiado turista a la vez. Pues resulta, que está siendo una ciudad que me está ofreciendo mucho más de lo que esperaba, y es más, muchísimos más que otras ciudades y lugares en los que tenía puestas más ganas e ilusión.

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Rascacielos de Bangkok.

Ahora pienso que menos mal que decidí quedarme aquí tres días. En esta ciudad de casi 6 millones de habitantes y capital desde 1782, donde estoy viendo que es más limpia y más organizada que la mayoría de las ciudades del sudeste asiático que conozco y con un tráfico, me atrevería a decir, menos caótico que en muchas de ellas.


Vamonos que nos vamos

Ayer, mientras organizaba lo que haría hoy, pensé que igual no tenía tiempo de ver todo lo que quería, pero una vez me puse a patearme la ciudad, me dí cuenta que creo que llegaré a todo. Incluso a lo que el lunes cierra y he intentado hacer entre hoy y mañana.

Por otro lado, sigo contento con el hostel M Gray. Me dan toalla, los baños están impecables y ayer ya tuve la primera anécdota. Me fui a duchar, y al salir, me dí cuenta que me había dejado la llave en la habitación, así que, con solo una toalla, bajé a recepción para que me abrieran. La historia no tendría nada más si no es porque la recepción es una cafetería normal y corriente. Para mi suerte, eran las 11 de la noche y a esa hora poca gente viene a tomar café… la chica me abrió la puerta y tan contentos todos.

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Wat Traimit.

Me levanté temprano, y no porque quisiera, sino porque ya tengo el reloj a esa hora. Desayuno unos gofres con chocolate, nata y plátano y un café. Como siga comiendo aquí puedo explotar.

Y decido coger el ”sky train” porque el hostel está a 5 kilómetros del centro. Este transporte es una especie de tren pero las vías están elevadas, algo que facilita mucho la movilidad de la ciudad porque no está partida por las vías, pero hace que se generen zonas un poco más oscuras donde se acumulan las chabolas y la suciedad, lo mismo sucede con las carreteras elevadas que existen también. Pero es un transporte muy rápido y que he visto que funciona muy bien. Todo está en inglés, incluso el anuncio de las estaciones. El precio es en función de las estaciones que recorras, hoy he pagado entre 16 y 44 THB. Hay que guardar el ticket pues lo piden a la salida, y si el importe introducido al entrar no es el correcto se paga la diferencia y listo (a mí ya me ha pasado). Por otro lado, hay que pasar un control en ciertas estaciones y solo existen dos líneas y, por tanto, no llega a muchos sitios. Mañana probaré con el barco para llegar al centro, a ver qué tal.

Aprovechando que hablo de esto. Me gustaría comentar un detalle, que aunque pueda ser una cosa aislada, creo que merece la pena. He visto como un vigilante de seguridad el tren acompañaba a un chico con problemas de movilidad al andén, lo acompañó hasta que llegó el tren e incluso se subió con él y esperó a que estuviera bien situado para bajarse y seguir con su trabajo. Son cosas que no ves todos los días ni en todos los sitios, así que si es algo cultural, un gran punto para Tailandia, y si, en cambio, ha sido algo aislado, sigue siendo digno de mención alabar el acto de este señor. Viendo los diferentes comportamientos que ha tenido este personal en lo que he podido ver, no creo que sea un hecho puntual.

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Buda Dorado.

Y entre estas historias llego al museo Bangkoniano, pero no abre hasta las 10 así que decido no esperar la hora que quedaba (porque pensaba que no tendría tiempo suficiente) y sigo adelante en mi camino. En el que veo mucho perro y gato callejero y poca gente por la calle. Todo está muy tranquilo.

Pues entre estos pensamientos tan trascendentales llego a Wat Traimit, donde se encuentra el Buda Dorado. Una gran estatua de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de oro macizo, y fue descubierta por casualidad. Se dice que en los años 30 unos trabajos de mantenimiento hicieron destruir el templo donde se encontraba esta estatua, por entonces bajo una capa de estuco. Como no se atrevían a destruirla decidieron reubicarla y estuvo unos 20 años a la intemperie, sin cuidado ninguno. Cuando en 1955 se decide trasladar a un nuevo templo, uno de los cables de la grúa que debía hacerlo cedió y el Buda se dio de bruces en el suelo. Fue temporada de lluvia y la figura quedó prácticamente tapada por el barro. Cuando se decidieron a evaluar los daños se dieron cuenta que el estuco había quebrado y que asomaba un metal brillante. Las indagaciones demostraron que era de oro macizo. Según la teoría más aceptada, debió de cubrirse de estuco para protegerla de los birmanos que en el s. XVIII acosaban el país, aunque no se tiene certeza de cuando fue construida. La entrada son 40 THB y se entra descalzo, algo que se repetirá en casi todos los templos de la ciudad.

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Mercado Chino en Chinatown.

Tras el Buda, que si no sabes la historia tampoco es que impresione demasiado, empiezo el camino hacia el norte, pues mi intención era ver los museos que el lunes no podré al estar cerrados. Entre ellos está el Museo de Siam. Para llegar doy un paseo por las callejuelas entrelazadas y sin aparente orden del Mercado Chino. Donde, como os podéis imaginar, se vende prácticamente de todo. Es como un gran todo a 100. Entre toldo y toldo apenas entra la luz del sol, cosa que se agradece. Decido salirme un poco aunque de más rodeo, pues es tal la cantidad de gente que tardaré menos. Ya son las 10 de la mañana y las calles, ahora sí, son un hervidero.

Entonces llego al Museo de Siam (200THB), y para las taquillas se deja el DNI a modo de fianza, está construido en un edificio del s. XIX que fue Ministerio de Comercio. Es el primer museo que veo 100% cuidado y limpio. Se empieza a visitar por la última planta y da gusto pasear por sus salas. Al empezar hay un montaje muy chulo e ilustrativo donde explica los objetivos del museo, que no son otros, que intentar explicar al visitante (local o extranjero) de lo que significa ”Thainess”, algo parecido al ”arte de vivir tailandés”, aunque parte de la base, que a día de hoy, no existe un concepto que abarque todo lo que eso supone. Nos explican que nació con el rey Rana V (1853-1910), sobre los pilares: religión, nación y rey. Entendiendo el trono como un Monte Meru (donde viven los dioses) en la tierra, como centro del universo desde donde se protege Siam, el corazón del país.

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Muñecos de monjes a los que no les faltaba detalle.

La forma de mostrarse el museo es bastante original y divertida, totalmente interactiva, se pueden tocar prácticamente todos los objetos que se exponen. Existen salas donde hay atuendos para vestirse y poder introducirte en el rol Thainess. En otra se explica a través de objetos tradicionales que al pulsar un botón cambia la iluminación y el objeto se transforma en algo moderno, como haciendo que entendamos (sobretodo los extranjeros) la imagen real del país. Es un país que intenta seguir siendo cuna de la espiritualidad pero que no por eso, tiene que dejar de desarrollarse y adoptando las nuevas tecnologías y estilos de vida que se les presenta. También llegan los avances y cuando decimos que es una pena que estos países no son lo que eran, deberíamos entender que para que nosotros tengamos vacaciones baratas, ellos no deben quedarse en la edad de piedra. A ellos también les gusta la buena ropa, los buenos coches, una casa más grande etc. Yo fui el primer sorprendido al ver la cantidad de rascacielos que hay.

Todas las salas cuentan algo interesante y de la que aprender. Además el museo no es muy grande así que se puede ver tranquilamente y los niños lo disfrutarían de manera notable. Como la sala que a través de platos con códigos QR nos muestran los típicos platos y recetas tailandesas. Me paro a tomarme un cafelito aprovechando un descuento de 20 THB si gastas 100 que dan con la entrada y salgo del museo.


Dejemos lo de comer para más tarde

Con las ansias de seguir en una ciudad que me está encantando, aplazo lo de comer para más tarde y paro en Wat Pho (200 THB), que contiene el Buda yacente más grande de la ciudad, la mayor colección de Budas de Tailandia y el centro de educación pública más antiguo de la ciudad.

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Buda reclinado o yaciente.

Hoy había un concurso infantil de rezo en este complejo, por lo que estaba abarrotado de niños. Muchos de ellos en grupo con el profesor ensayando sus cantos para luego presentarlo. Entre esto, los turistas y los que no cantaban y jugaban, no había un rincón que no se llenara de sonido, que para nada era desagradable. Algunos edificios estaban en obras y no se podías visitar.

Pero el Buda Reclinado, la estrella del complejo, solo le estaban haciendo la pedicura y podía visitarse sin problema. El edificio que lo contiene apenas da para que quepa en él, tales son las dimensiones de la estatua, y hay que esperar una larga cola para poder hacerse la foto de guiri allí. Por lo demás, con la cantidad de gente que hay y la imposibilidad de poder verlo en todo su extensión (46 metros de largo por 15 de alto), hace que no impresione tanto como me esperaba. Aún así el complejo es un despliegue de color y de ostentación apabullante. No sabes por donde abarcar todo lo que ofrece, la cantidad de templos, santuarios y stupas impresiona. El dorado de los tejados hace que, cuando entra en contacto con el sol, tengas que desviar la vista pues el brillo que desprende ciega.

A la salida, me dirijo al embarcadero para coger el ferri (4THB) que me lleve al otro lado del río Chao Phraya, donde se encuentra Wat Arun (50THB), el lugar donde el rey Taksin retomó el control del país tras la caída de Ayutthaya (antigua capital), destruida por los birmanos en 1767. El rey decidió construir un palacio y un templo para albergar el Buda Esmeralda donde había antes un santuario local. El templo fue rebautizado con el nombre del dios hinduista del amanecer. Esta zona de la ciudad fue antes capital bajo el nombre de Thon Buri, pero fue absorbida por Bangkok en 1972. Actualmente el Buda se encuentra en otro templo que visitaré mañana.

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Wat Arun.

Una hermosa stupa con mosaicos que se aprecia impresionante desde la otra orilla del río, y junto a ella, un templo donde un monje estaba dando bendiciones a unos guiris que hacían el paripé tras dar una donación y posar para la foto que un miembro del propio templo les hacía.

De camino a la siguiente parada me compro un helado que venden ultracongelado, no hay quien le hinque el diente, pero mejor, que con el calor que hace no aguantaría ni 2 minutos. Paseo mientras por el Mercado de Amuletos, que no deja de ser un lugar donde vender y comprar bisutería, joyas, monedas, billetes etc. a modo de nuestros rastros. Me tomo un zumo de naranja aguado mientras busco una oficina de cambio de divisa. Aquí abundan los cajeros pero no estas oficinas.

Y sin darme cuenta, estoy en el Museo Nacional, aunque tuve que callejear bastante porque hay alguna cosa especial y estaban muchas de las calles cerradas por el ejercito. Hay que recordar que en octubre de 2016 falleció Bhumibol Adulyadej (Rana IX), el que hasta entonces era el rey de Tailandia, así que supongo que será algo relacionado con esto.

En el complejo hay un templo que me ha parecido de los más bonitos que he visto, con un suelo de madera que brillaba como un espejo y con excepcionales pinturas en os muros. El museo en sí, está constituido por un palacio central, al que solo se puede acceder al ala central, pues el resto está en obras, y rodeando a este, otro edificio con galerías que es donde se encuentra en grueso de las exposiciones. Cada una de las alas del que fuera palacio, se diseñó para que el rey pasar una época del año diferente dependiendo del clima.

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Monjes rezando en el templo del museo.

Por dentro, el museo está viejo y parece que totalmente dejado, pero entiendo que los trabajos que se están haciendo van encaminados a mejorar este aspecto. Incluso los carteles están amarillentos y medio borrados. Algunas esculturas tienen refuerzos para evitar que se desmoronen. Pero aún así, no deja de ser interesante para situarte en el contexto histórico de lo que visitas en la ciudad. El pabellón mejor montado es el que contiene los carruajes de la familia real, son totalmente excéntricos y ostentosos a más no poder, dorados que ni el rey podría estar cómodo montado en ellos con tanto reflejos, y uno es tan alto, que se subían mediante una especie de ascensores manuales, también expuestos.

Antes, consigo ver Lak Meuang, que según las creencias toda ciudad debe tener un pilar que la proteja de los malos espíritus y sea el alma de los ciudadanos. En este caso fue puesto por Rama I cuando movió su capital a Bankok en 1782. Tras él, hay otro pequeño santuario con los 5 espíritus que lo protegen, cuatro son de bronce y uno de madera.

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Lak Meuang.

Desde aquí intento ir a la casa de Jim Thompson, que está a unos 5 kilómetros pero es lo único que sigue abierto a estas horas. Intento que un tuk tuk me lleve por 100 THB y no consigo ninguno, ni siquiera las motos me llevan a ese precio. Así que empiezo a andar y al cabo de un kilómetro o así, consigo que un tuk tuk me lleve por 150. No sé si es buen precio o no, pero me ahorro la hora y pico que me llevaría ir andando.

La entrada son 150 THB y hay que hacerla en tour guiado, no la hay en español. El dinero va a la fundación que lleva el nombre de este arquitecto y empresario americano, que enviado por la CIA a Tailandia durante la II Guerra Mundial, decidió quedarse aquí tras ella. Este conjunto de 6 casas está construido con casas procedentes de otras regiones del país. Este hombre hizo su riqueza a través de la seda tailandesa, de la que fue el principal valedor a nivel internacional. Toda la decoración está importada de otros palacios del sudeste asiático, haciendo de ella un auténtico museo. Tanto que el propio Thompson decidió abrirla al público. Desde 1967, cuando desapareció en Malasia, no se ha sabido nada de él. Pero los beneficios siguen destinándose, a través de su fundación, a diferentes proyectos sociales.

La guía es muy graciosa, recita la lección de memoria y repite las palabras finales: ”Jim Thompson was a business man… business man, who was born in 1906… in 1906”. Son unos 30 minutos, que a mí, personalmente, se me hacen largos.

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Chica rezando en el santuario de Erawan.

Y de nuevo al ”Sky Train” para llegar al Santuario de Erawan. Para mi sorpresa está enclavado en mitad del distrito Ratchaprasong, un lugar donde están las grandes firmas de moda, y todo son centros comerciales y tiendas. Y en la calle, la iluminación navideña es exagerada. Los pasos a nivel son infinitos y dan accesos a los centros comerciales sin necesidad de pasar la calle, todo es una locura de gente, luces, motos y coches. Parece todo un descontrol de gente de allí para acá. Y en medio de todo, un pequeño santuario donde se agolpa la gente a ofrecer donaciones al Phra Phrom allí expuesto. Algunos ofrecían hasta anillos.

También había un grupo de chicas (aunque alguna ya dejó de serlo hace años) recitando canciones parecidas a las que cantaban los niños esta mañana. La gente hacía cola para hacer peticiones, previa ofrenda, y rezar delante de ellas mientras entonaban la plegaria elegida. Impresionante introducirte en medio de tanta gente rezando, haciendo lavativas en una esquina frente a una gran marmita con agua, todo lleno de humo de los inciensos y las emociones a flor de piel. Fue construido en 1956 para prevenir las desgracias de haber construido el hotel Erawan en una fecha no propicia.

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Bailarinas que cantaban plegarias tras donaciones de los fieles que querían rezar a su vez.

Como en un restaurante de comida rápida. Sí, como a las 6 de la tarde. Y vuelvo al santuario a ver cómo es aquello de noche.

Tras estar un rato contemplando al gentío, de nuevo al ”Sky train” y al hostel. Mañana veré un par de cosas que cierran pronto y luego veré qué improviso.

Hasta mañana que ya me han dejado sólo en la cafetería del hostel con las luces apagadas.

Un saludo.

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3 comentarios en “Y nos lo queríamos perder. Bangkok.

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