Etapa 7: Campo de la muerte Choeung Ek, y llegada a Vientián.

04Dic2017. Hablando con mi compañero de habitación inglés confirmo lo que ya pensaba, la gente no va andando a los sitios. Me dice que le parece una locura de ciudad, y lo es, pero te pierdes algo si no andas aunque sea un poco por ella. Pero bueno, son diferentes formas de viajar, y cada una igual de válida.

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Hoy tenía pensado ir al campo donde los jemeres rojos asesinaban a los prisioneros que firmaban sus confesiones, por supuesto, bajo coacción, amenazas y tortura. Iba a hacerlo en bici, pero mi otro compañero, alemán, me dice que el también va y que compartamos el tuk tuk, y como sale barato pues ¿porqué no?

Quedamos a las 9:00 para cogerlo y por 15$ en total, nos lleva, nos espera y nos trae de vuelta. Hoy es mi último día en Phon Penh y en Camboya, la sensación es de haber visto lo más típico y haber dejado cosas y ciudades sin visitar, pero es algo que siempre me pasa y así es una excusa para el famoso autoengaño de volver en alguna otra ocasión.


Choeung Ek

Este es el nombre que recibía el campo de la muerte de la capital camboyana y a donde llevaban a los prisioneros de la S-21 y otras cárceles a ser asesinados. Está a unos 8 km al sur y se pasa por una parte de la ciudad más modesta donde se ve algo más de miseria y es como entrar en otra ciudad diferente en la que, hasta ahora, me había movido. Es más, aquí, lejos del turisteo, todos los precios están en KHR aunque también trabajan en dolares, como en el resto del país, pero las fracciones no las trabajan, cuando te tienen que devolver céntimos de dólar, lo hacen en KHR.

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La entrada al recinto son 6$ con audioguía, sin ella no se entendería el lugar igual de bien. Aquí te explican como el partido suprimió, la moneda, la religión, la idea de familia y la intentó sustituir por un ente omnipresente y omnipotente al que llamaban Angka (”organización”).

Hasta ese momento las poblaciones rurales se estaban moviendo a las ciudades huyendo de los bombardeos que estaban recibiendo por parte de los EEUU, pero los jemeres rojos los volvieron a empujar hacía el campo pues pretendían que la base de la economía fuera el cultivo de arroz y para ello tenían que triplicar la producción. Se les desalojó engañándolos y diciéndoles que les llevaban a otras casas, algo que nunca ocurrió. Entendían que los habitantes de las ciudades eran los causantes de las penurias que se había en el campo camboyano.

Tenían en mente que la población se dividía en vieja generación, aquellos campesinos y agricultores, y la nueva, los intelectuales, gente con estudios y religiosos. Tener las manos suaves ya era suficiente para ser arrestado y meterte en prisión. La intención de Pol Pot fue sustituir la nueva generación por la antigua. Finalmente toda la población sufrió las consecuencias, desapareciendo más de la cuarta parte de la misma, y devolviendo al país prácticamente a la edad media.

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El día que tomaron Phnom Penh, un 17 de abril de 1975, fueron vitoreados por la población, pero apenas 3 horas después empezaron las deportaciones masivas, las confesiones bajo tortura y las liquidaciones en los campos de la muerte. Al principio, se mataba uno por uno, golpeando la cabeza con cualquier cosa que estuviera a mano, pues las balas eran demasiado caras. Se ponía la detenido de rodillas frente a la fosa para que cayera en ella una vez muerto, aunque no siempre moría, pero para eso estaba el DDT, que además ayudaba a sofocar el olor. Luego, el número de deportados aumentaba y decidieron ir acumulando prisioneros para poder asesinarlos por tandas.

Es curioso que Pol Pot, y alguno de sus secuaces, hubieran estudiado en Francia y habían sido profesores. Contra los que más tarde se ensañaría el régimen.

Para estas actividades, no dudaban en reclutar un ejercito compuestos de niños y adolescentes, que eran obligados a perpetrar esas matanzas. Estas se solían llevar a cabo de noche con la música a tope. La misma música revolucionaria que se ponía por el día, servía para tapar los chillidos de los asesinados por la noche.

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Apenas quedan edificios en pié. En su lugar se han instalado paneles con dibujos y carteles explicativos junto con construcciones modestas de madera a modo de homenaje. Esto se debe a que los habitantes de la zona intentaron desmantelar el campo lo antes posible por el mal sueño que les daba, e intentaron aprovechar todo material que pudieron, incluidos los instrumentos que los jemeres usaron para matar; martillos, hachas, azadas etc. algunas veces se usaban los tallos de las palmeras para degollar a las víctimas, además, de esta manera, silenciaban sus gritos.

Se eligió este terreno porque ya era usado para ceremonias funerarias por la población china que vivía en la zona. De hecho, aún se ven algunas tumbas de estos.

Se calcula que hay unas 129 fosas comunes y se calcula que unas 20000 personas fueron asesinadas en este lugar, enter ellos, al menos 9 eran occidentales. Una de las fosas más grande está bajo una estructura de madera con una vallita de palos donde la gente coloca pulseras de tela a modo de homenaje. Paseando por allí la zona, se pueden encontrar restos de los cuerpos y ropas que la lluvia y el viento sacan a la luz y que los operarios recogen cada cierto tiempo para guardarlos en urnas aún expuestas.

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Actualmente, es un lugar tranquilo y pacífico, pero es fácil ver los restos de lo que un día fue este emplazamiento. Igualmente, hoy en día no se parece en nada a lo que el ejercito de liberación debió de encontrarse allí en 1979. Las fosas que fueron abiertas (otras se consideró dejarlas tal estaban para dar descanso a los muertos) aún se dejan notar en el relieve del terreno, aunque con el tiempo y los movimientos de tierra, irán desapareciendo.

La gente pasea sin casi hablar. También encontramos otra construcción señalando donde se encontraban 166 cadáveres decapitados pertenecientes a antiguos soldados considerados traidores a la causa.

Se hace difícil creer que hasta 1991 el nuevo gobierno camboyano no fuera reconocido por las grandes potencias mundiales  al haber sido apoyado por el gobierno vietnamita, una piedra en el zapato durante la guerra fría. Es más, los jemeres rojos continuaron teniendo representación en la ONU hasta esta fecha, siendo considerado el legítimo gobierno, y los principales líderes que quedaban con vida, incluido Pol Pot, estuvieron exiliados en la frontera con Tailandia. Incluso recibían ayuda económica mientras el país intentaba recuperarse de la devastación causado en menos de 4 años que duró el gobierno comunista radical.

Al propio líder, únicamente se le pudo poner en arresto domiciliario en 1997 pero disfrutando de su familia y de los privilegios que aún poseía, muriendo un años más tarde sin llegar a reconocer nunca su culpabilidad, tenía 82 años.

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En otra tumba, se enterraron mujeres desnudas, y niños que habían sido golpeados contra un árbol cercano, donde hoy la gente cuelga las mismas pulseritas de colores. Se dice que cuando el campo se liberó aún quedaban restos de sangre, sesos y vísceras sobre él.

En 1988 se decidió construir una stupa donde se guardan los restos encontrados hasta entonces, clasificados según edad, lesión y diferentes maneras que los forenses consideraron. Los restos que van saliendo a la luz se han quedado sin sitio en ella.

Toda la red de campos se componía de unos 300. Algunos se pueden visitar, otros se han perdido para siempre y muchos otros no son accesibles al estar rodeados de minas antipersonas, otra de las lacras que ha perseguido al país en el maldito s. XX.

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En sitios como este la historia nos muestra las barbaridades de las que es capaz el ser humano. Y lo que es peor, que aún hoy en día es capaz de seguir realizando. Es penosos pensar que visto lo visto y tras los nazis, las barbaries en Ruanda, la represión en la Unión Soviética o China, todavía se produzcan en pleno s. XXI, y nada parece entrever que la situación cambie.

A la derecha de la entrada se encuentra un museo con fotografías y algunos objetos usados durante esos años negros. También explica la situación actual al respecto. No fue hasta 1997 que le gobierno camboyano recibiese apoyo de la ONU para poder empezar los juicios contra los líderes jemeres. Estos juicios empezaron en 2009, cuando muchos de los líderes ya estaban muertos o habían sido asesinados por la propia paranoia de Pol Pot. El veredicto salió en 2010 llevando a prisión a los pocos miembros de la cúpula que seguían en libertad.

Por supuesto, la visita a este lugar es obligada, y eso que no tenía pensado ir hasta allí, y solo me decidí cuando vi que poco más tenía que hacer en la ciudad. Sitio para sentarse en un banco y reflexionar. Es junto a la cárcel S-21, los ”monumentos” al recuerdo de las víctimas y de lo que allí pasó, aunque esta me dejó peor cuerpo aún que el propio campo.

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Cambiando de tercio

Tras tomarme un café en un chiringuito del propio campo, que por cierto estaba buenísimo, volvimos al hotel, aunque antes el tuk tuk tuvo que parar varias veces pues tenía una rueda pinchada. Quedo con el conductor para que me lleve al aeropuerto por 6$ y me pido una hamburguesa en el restaurante del hotel donde estoy, el Base Villa.

Tuve un encontronazo con el camarero porque me sirvió una cosa que no pedí. Pedí que la hamburguesa no llevara una salsa que le echaban, pero se la echaron igualmente, cuando me dice que me la cambia, me trae la misma pero habiendo quitado la salsa con una servilleta, se lo digo y todavía me sigue porfiando hasta que ya lo reconoce. Una pena, porque mi estancia allí había sido perfecta, pero no me gusta que me tomen por tonto. Hasta la gente que estaba alrededor se quedó un poco pillada al ver cómo intentaban engañarme. Me preguntó que si lo pensaba pagar a lo que contesté que únicamente el agua que era lo único que me habían puesto de lo que había pedido.

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Y tras otra hora de tuk tuk llegamos al aeropuerto, que solo estaba a 8 km del hotel, pero las distancias aquí son relativas. Sufro para comerme un arroz que picaba a rabiar y me pego un homenaje con el postre antes de embarcar al avión de Vietnam Airlines que me llevará a Vientián, capital de Laos.


Llegada a Laos

Sacar el visado a la llegado es algo más lento que en Camboya, pero no es complicado. Te pones en una cola tras completar un par de formularios (aunque es mejor ponerse en ella y completarlos mientras se avanza). Sin abandonar la fila se pasa por mostrador largo donde al primer oficial se le entrega el pasaporte, una foto, y el formulario que recoges en mostradores del aeropuerto antes del control de pasaporte. Se pasa a un segundo oficial donde se paga y se entrega el formulario que te dan en el avión, 35$ por ser español. Por último, el tercero te hace una foto y te entrega el pasaporte con el visado y el sello de entrada y la parte del formulario de salida que hay que guardar hasta dejar el país. A los dos últimos no se les ve la cara por el cristal que se interpone entre tú y ellos. Y tras 30 minutos, tienes tu visado y estás en Laos.

Cojo un taxi que por 7$ te lleva al centro, se contrata en un mostrador tras coger la maleta que tuve que facturar. El taxi no puede acceder a la calle donde está mi hostel, el Dream Home Hostel 2, ya que está en obras, pero llego sin problema. El sitio es cutrecillo pero parece limpio, mi habitación es de 4 pero no sé cuantas estarán ocupadas, el baño es compartido entre toda la planta y parece que hay un buen ambiente. Lo peor es que no dan toallas ni candado para unas taquillas que parecen de juguete.

Y ahora estoy aquí escribiendo esto antes de irme a la cama para mañana aprovechar al máximo ya que es el único día que paso entero en la capital del país. Pido una botella de agua y me sirven un chupito de ginebra… así que esto promete.

Hasta mañana.

IG: llopis_ig

FB: Viajes al infinito

 

Más enlaces relacionados con este viaje:

A por el viaje de mi vida: 2 meses, 10 países.

San Petersburgo, ¿la Venecia del norte?

Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

Etapa 3: Pekín. Capado en el país del escupitajo

Etapa 4: Seúl y sus palacios.

Etapa 5: Vientam. Hanoi, donde conseguí mi primer millón.

Etapa 6: Camboya. Angkor directa al top. Parte I.

12 comentarios en “Etapa 7: Campo de la muerte Choeung Ek, y llegada a Vientián.

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