Etapa 4: Seúl y sus palacios.

17Nov2017. Por culpa de un retraso de 1 hora en salir de Pekín, llegué más tarde de lo que esperaba a Seúl. Pese a todo, el vuelo fue bien y descubrí que la compañía Southern China Airlines tiene más espacio en los asientos que otras.

Para entrar en Corea del Sur no hace falta tener visado de antemano, se saca en el aeropuerto tras entregar tres formularios diferentes completos. Al llegar, cogí el tren para enganchar con el metro, pero el servicio se acabó a mitad de camino y tuve que coger un taxi.

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Seúl de día.

Encontrando buena gente

Al salir del metro pregunté a un chico que si era fácil coger un taxi en esa calle. El chaval no tenía ni idea de inglés pero llamó a la novia para que hablase conmigo e indicarme. Tampoco nos aclaró mucho, así que paró a un taxi y me dijo que me llevaba. El taxista tras buscar la dirección varias veces dio con el sitio y allí nos dirigimos.

De repente, llama la novia y noto como medio discuten y la chica le preguntaba que a donde iba. Pues resulta que el chaval, en contra de lo que yo pensaba, se había montado para llevarme a la dirección que le había indicado para evitar que me perdiese aunque fuera en dirección contraria a la suya. Tras la bronca de la novia me pidió disculpas varias veces y se paró y cogió su propio taxi.

El chico lo hizo con toda naturalidad como si fuera lo habitual ayudar a los demás y conseguir que estuvieran cómodos. Si todas las personas iban a ser igual, la estancia en Seúl merecería la pena.

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Gyeongbokgung. La gente acude con los trajes típicos a realizar sesiones de fotos.

Tras varias vueltas por el barrio, el taxista me dejó más o menos cerca y llegué al hostel.


Primeras paradas de la mañana

Después de una mala noche por lo tarde que me había acostado, el cambio horario y que uno de los compañeros de habitación no dejó de hacer ruido toda la noche, me desperté con ganas de ver qué deparaba la capital coreana.

La primera parada fue Gyeongbokgung (3000KRW). Construido en 1395, sirvió como el principal palacio real hasta 1592, cuando los japoneses, tras invadir el país, decidieron quemarlo. Estuvo abandonado hasta que en 1865 el rey Gojong decidió rehabilitarlo, sin llegar a hacerlo completamente. Tras la vuelta de Japón al territorio en la primera mitad del s.XX fue de nuevo destruido hasta que se reconstruyó durante las dos décadas pasadas. Hoy en día está rodeado de galerías de arte.

Este conjunto está completo de varios pabellones y habitaciones en torno a varios patios comunicados por puertas, ninguno se visita por dentro, salvo algunos que contienen museos. El pabellones más reconocibles son el Geunjeongjeon, o salón del trono, y el característico Gyeonghoeru, situado en mitad de un lago artificial sobre 48 columnas donde se celebraban los banquetes reales. Allí también vi una ceremonia de bandera con hombres vestidos de soldados que llevaban a cabo la ceremonia con armas y música de percusión y viento.

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Gyeonghoeru en Gyeongbokgung.

Después de tomarme un café en un sitio que anunciaba croissants españoles, que no sabía que eramos famosos por ello… fui a al templo budista Jogye-SA (gratis). Que aún hoy en día, bulle de vida gracias a la cantidad de feligreses que acuden a rezar. Destacan sus tres grandes Budas construidos en 2006 y uno más modesto que data del s.XV.

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El templo está rodeado de un jardin lleno de flores colocadas formando diferentes figuras. Es uno de los templos budistas más bonitos que he visitado y me gustó ver como la gente acudía a rezar, y entre reverencias, hablaban, leían, incluso comían, pero siempre descalzos dentro del templo. Me pareció una preciosidad y el ambiente era encantador. De hecho, cuando llegué había un guiri que no paraba de dar vueltas sin atreverse a entrar. Cuando entré, el me siguió y para mi sorpresa cogió un cojín y se puso a hacer reverencias y a rezar. Supongo que sería un budista convertido que no se atrevía a entrar al templo hasta que vio a otro turista (yo) entrar.

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Templo budista Jogye-sa.

Pasé por el barrio Bukchon Hanok Village, se supone que donde aún quedan restos de casas típicas coreanas. Lo que vi fueron algunas casitas bajas que son tiendas o restaurantes, que poco se parecen actualmente a casas típicas. Cierto es que existe un centro para turistas y sí que tienen una de esas casitas montadas a modo de ejemplo.

Al salir, fui andando hasta Changdeokgung, conjunto declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1997, fue construido en el s.XV como palacio secundario. Fue también destruido por la invasión japonesa del XVI y rehabilitado y convertido en residencia real en 1872. Se mantuvo en uso durante el s.XX. Es bastante parecido a Gyeongbokgung. La entrada básica son 3000KRW pero hay que sumarle 1000 para el patio principal, y 5000 para poder entrar con visita guíada a los jardines secretos. Por no esperar a la hora y porque pagar por tercera vez en el mismo recinto me parecía excesivo decidí no hacer esta última visita. Curiosamente, es donde más extranjeros he visto entre ellos muchos españoles.

Al lado se encuentra el ARARIO museum in Space. Un bonito edificio que contiene una colección de arte privada. Tampoco entré, decidí seguir viendo alguna otra cosa.

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Changdeokgung.

Completé la mañana yendo a Jongmyo (1000KRW). Otro recinto parecido a los anteriores donde se guardan las tablas de madera que contienen los espíritus de los reyes y de sus oficiales más queridos. Es patrimonio de la humanidad desde 1995. E igula que los anteriores también sufrió la invasión japonesa.

Únicamente se puede entrar a las visitas guiadas, menos los sábados que es libre. El tour dura alrededor de 45 minutos. Y como no me apetecía esperar al tour en inglés, lo hice con un grupo de coreanos no sin discutir con la mujer de la taquilla porque decía que no podía ser porque no me iba a enterar de nada. Pero tampoco les debería de extrañar porque durante la visita no me hicieron mucho caso ni me miraban extrañados, solo alguna risilla de vez en cuando pensando en todo lo que estaría aprendiendo. Leyendo los carteles de algo me enteré.

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Changdeokgung.

Tarde de mercados

Ya por la tarde fui a ver el Namsangol Hanok Village. Un parque donde se han hecho varias réplicas de construcciones antiguas y donde se recrea la forma de vivir tradicional coreana. Pero lo más curioso es una cápsula del tiempo de hormigón hecha en 1994 con motivo del 600 aniversario de la ciudad, y que no se abrirá hasta que cumpla 1000 años. Esto hace reflexionar sobre los objetos que contenía, eran objetos de vida cotidiana y característicos de corea, pero sólo hace de esto 23 años y da que pensar que en 1994 no se guardaron en la cápsula ningún teléfono móvil ni ordenador portátil, ¡¡¡y solo han pasado 23 años!!! ¿QUÉ TENDRÁN EN 2394?

Dicho esto puse camino al parque Namsan, donde se encuentra la torre más alta de Corea. La torre N Seoul Tower mide 236m y está rodeada de un centro comercial lleno de tiendas y restaurantes. Incluso hay un museo de juguetes y otro de Hello Kitty. Se puede subir en teleférico, 8000 KRW ida y vuelta., desde el cual apenas se puede, pese a la altura, divisar el final de la ciudad.

Por falta de tiempo no pude dar un paseo por le parque, pero estoy seguro de que merece la pena.

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N Seoul Tower.

Ya de vuelta al hostel paso por el Myeong-dong, un barrio donde sus característicos neones anunciando miles de comercios llaman mucho la atención y amenizan el paseo. Tras el paseo por el Namdaemun Market, un mercado callejero lleno de tiendecitas de todo tipo, desde electrónica a comida. Donde es fácil, y además merece la pena perderse.

De camino al hostel paso enfrente del City Hall y de la Biblioteca. Destaca el City Hall por estar construido de cristal.

Junto a ellos se encuentra Deoksugung, es el quinto palacio de la ciudad y el único que abre por las tardes y se puede ver iluminado, que es donde está la gracia del asunto. También destaca por el Seokjojeon, construido en estilo neoclásico al igual que el MMCA Deoksugung, construido en 1938. También es diferente el pabellón Jeonggwanheon, construido por un arquitecto ruso mezclando madera con barandilla y columnas metálicas.

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Jeonggwanheon.

Y para terminar el día, paseo por orillas del Cheong-gye-cheon, un riachuelo que trascurre por la ciudad y que tras una costosa rehabilitación luce magníficamente. Lleno de vida, la gente pasea pese al frió y disfruta de las luces en farolillos que la gente pone en el agua, aunque deslucen al lado de los muñecos luminosos que hay puestos para anunciar los JJOO de invierno 2018 que se celebran en Pyeongchang.


Primeras impresiones

Al fin llego al hostel después de un día casi sin dormir. Me dan unas chanclas, ya que aquí es costumbre quitarse los zapatos al entrar en las casas y pongo una lavadora a las 11 de la noche, que ya era hora después de 15 días de viaje… que ya me cansaba lavar a mano.

De lo que más me ha gustado de hoy es ver como la gente se desvive por ayudarte y la simpatía y amabilidad que muestran. Es alucinante lo que hay que aprender en ese aspecto. Y lo mejor es que no lo hacen para ganarse una propina o esperar alguna recompensa, sino que lo hacen porque les sale y han sido educados de esa manera.

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Cheong-gye-cheon.

Respecto a lo que he visitado, me ha dejado bastante frió, y no solo porque el viento era helador, más bien porque, en general, los palacios me han parecido demasiado parecidos unos con otros, salvo el citado Deoksugung. Pese a ello merece la pena visitarlos, aunque supongo que en verano lucen más con la vegetación verde y las flores brillando, en invierno todo está bastante seco aunque los colores pardos no le hacen mal.

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Myeong-dong.

Parece típico ir a los palacios con los trajes típicos para hacer sesiones de fotos, ya que si los chinos me parecieron enfermos del selfie, lo de los coreanos está fuera de categoría.

También destaca que al lado de estos palacios tan tradicionales se encuentren una cantidad increíble de rascacielos que contrastan con ellos. Una pena no estar más días para poder pasear por los parques más tranquilo o sumergirme horas y horas en el barullo de los mercados.

Con todo esto, espero hoy dormir mejor y levantarme a tope.

Hasta mañana.

Distancia: 25,86 km.

IG: llopis_ig

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Más enlaces relacionados con este viaje:

A por el viaje de mi vida: 2 meses, 10 países.

San Petersburgo, ¿la Venecia del norte?

Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

Etapa 3: Pekín. Capado en el país del escupitajo

 

9 comentarios en “Etapa 4: Seúl y sus palacios.

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