Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

08Nov2017. Hoy comienza mi segunda etapa en el camino, visitar la capital actual de Rusia. Parar aquí se debe a que el avión hacia Pekín hacía escala en Moscú, así que decidí para un par de días. Tengo dos días para visitarla por lo que habrá que organizarse bien cómo hacerlo, cosa que no he hecho.


Una última mirada diferente

En la última noche en la antigua capital, salí de madrugada a ver como brilla el río con las luces de los puentes abiertos para hacer al río navegable. Es una de las cosas que menos se recomiendan en los blogs y foros sobre la ciudad, pero es absolutamente recomendable.

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Puente Dvorcoviyy.

La iluminación nocturna de la ciudad es uno de sus grandes encantos, dando majestuosidad a todos los edificios, especialmente a los de las orillas ya que el río ayuda reflejando las miles de luces que brillan en la ciudad, de por sí bonita, dándonos una perspectiva diferente con los puentes abiertos y dirigiendo la luz hacia el cielo, ocultas estrellas por esa misma luz.

Una manera magnífica de concluir mi estancia en la ciudad báltica.

A la mañana, aprovechando que le vuelo salía a la hora de comer, decidí dormir un poco más. Quedan muchos días de viaje y no hay que abusar del poco descanso. Dejo el hotel, Station A1, es 100% recomendable por su precio (aunque es temporada baja) y por la calidad de su servicio, de lo más simpático que he encontrado y siempre han intentado ayudarme y resolverme todas las dudas. Las habitaciones están ajustadas al precio, cómodas y limpias. El desayuno estaba incluido y es bastante completo aunque no de gran calidad. Lo mejor, su ubicación, a apenas 3 min andando de la plaza del palacio, donde se encuentra el Palacio de Invierno.

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Almirantazgo y la cúpula de la catedral de San Isaac.

Me voy de la antigua Petrogrado dejando pendiente montar en el metro, dar un paseo por la isla Yelagin y hacer una excursión a Peterhof y Puskin. Pero me llevo el recuerdo de una ciudad agradable, con calles limpias, fácil de recorrer a pie aunque las distancias no sean pequeñas gracias a que es muy plana y llena de jardines, donde la gente no es el paradigma de la simpatía pero es correcta y donde siempre puedes tomarte un café en alguna de las varias cafeterías de la que está llena y de las que cuesta salir con lo calentito que se está dentro.

Me quedo con ganas también de verla en verano cuando la luz no se esconde tras las nubes y disfrutar de las famosas noches blancas. Noches durante las cuales los museos permanecen abiertos y se pueden disfrutar de una manera diferente. Aunque visitarla en esta época es más tranquilo y sin tanta gente por las calles de turismo, aunque el frío no deja de ser incómodo. Pero me alegro de irme con cosas pendientes para así tener una excusa para volver.

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Catedral San Isaac.

Por la mañana, cojo un taxi para el aeropuerto, pues metro es inviable y bus es bastante pesado, pues tarda mucho y hay que hacer trasbordo. Tras 45 min (990 RUB pagados al hotel) llego al aeropuerto. No es muy cómodo pero es el que hay. Un taxista bigotudo con cara de mala leche me ha llevado en su taxi, sucio (como todos los coches aquí) escuchando música rusa. Destacaba su tapicería interior y el aspecto soviético.

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Ojo al forro del asiento.

Tras pasar por el control, donde aquí te ponen en una cinta transportadora mientras pasas un escáner y donde no te hacen sacar los líquidos de las maletas, cosa absurda que hacemos en España.


Llegada a Moscú en tren y metro

Sin sobresaltos llegué al aeropuerto de Moscú Vnukovo en un pequeño avión que más parecía un autobús. Decidí ir tren hasta la estación de Kievskaya, unos 30 km desde el aeropuerto. Existe un tren de dos plantas que va desde el aeropuerto hasta dicha estación por 500 Rub y tarda aproximadamente 40 min y dispone de wifi enviando un SMS, es bastante cómodo y fácil ya que los carteles están en inglés. Después entré en el famoso metro moscovita y, he de decir, que me ha impresionado. Pensaba que habría alguna estación que mereciera la pena visitar y a la que dedicarle tiempo, pero para mi sorpresa, todas y cada una de las estaciones por las que iba pasando tenían algo especial. Empezó a construirse en 1935 y se respira historia cuando uno está usándolo. Algo que hacen unos 9 mill. de personas al día, y donde hacen pasillos con vayas para evitar que la gente en diferentes direcciones choquen. Sabía que estaría lleno pero no tanto, no hay un hueco libre y la gente va de manera mecánica de un lado a otro y apenas se detienen si te cruzas en su camino.

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Estación de Kievskaya.

Puedes comprar el billete en unas máquinas que van bastante ágiles y están en inglés (55 RUB) mientras que las taquillas están a reventar y la gente hace cola. En la entrada los carteles están en ruso y en inglés. Pero una vez que pasas los tornos, el chollo se acaba. Tienes que buscar un cartel de la red general de metro donde vienen ambos idiomas y hacerle una foto para, una vez en el andén, puedas comparar los símbolos cirílicos que aparecen en los vagones y descifrar en qué parada estás y donde hay que bajar, aunque, eso sí, las estaciones se anuncian también en inglés, pero la pronunciación de las palabras rusas no son tan fáciles.

Llegué a mi parada y me puse a buscar mi ”hotel”.


Check-in

Estuve buscando el hotel como media hora, dando vueltas por unos patios interiores de bloques de pisos sin fin, viejos, sombríos y poco iluminados. Y al fin lo encontré, gracias a que vi un pequeño cartelito no más grande que un folio donde aparecía el nombre, negro sobre blanco ”Aristocrat”, nada más… y nada menos.

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Puerta del hotel.

Cuando subí al tercer piso de un edificio antiguo en medio de uno de esos patios, con sus contadores de luz a la vista, que debían de ser de cuando se construyó el metro, entendí que de ”Aristocrat” no tenía mucho.

Me recibieron dos chicas, que ni papa de inglés, en la entrada de un piso normal tirando a cutre donde habían puesto una mesa y un ordenador portátil en el que veían vídeos de youtube. Estaban en pijama y detrás tenían un sofá del que supongo se acaban de levantar para abrirme la puerta. Les comenté que no tenía efectivo para pagar y que tenía que ir a un banco pero quería dejar las cosas antes. Aceptaron sin recordarme antes como unas 5 veces que no se me olvidara sacar (por gestos, claro).

A todo esto, una de ellas había ido adentro del piso y salió con unas zapatillas de estar por casa que me dieron para que dejara los zapatos en la entrada y caminara en zapatillas por la casa… zapatillas que tenía que dejar en una caja cuando saliera y me pusiera de nuevo los zapatos… en fin, hice lo que me pidieron y para mi sorpresa había bastantes pares de zapatos allí, así que no era el único huésped el ”hotel”. Me enseñaron la habitación, reconozco que muy limpia, con dos camas y un espejo, al lado de la cocina para poder ser despertado por la agradable voz de mis vecinos haciéndose el desayuno, y me informaron de donde estaban los baños y las duchas. Me da la sensación que es un piso de estas dos chicas que han montado este chiringuito para conseguir un dinero extra. Buena idea pero mal ejecutada, aunque a algunos nos engañan.

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Y al mismo precio que el doble de noches en San Petersburgo.

Una vez instalado decido ir a dar un paseo por la Plaza Roja ya de noche e iluminada, me despido de mis caseras no sin recordarme antes que tenía que sacar el dinero para pagar.

Y al salir, descubro la ventaja y el porqué escogí este ”hotel”. Está apenas a 5 min andando de la Plaza Roja. Un lugar que me emocionó ver en vivo y en directo. Me ha pasado con más sitios, de estos que estás harto de verlos en la tele y en documentales y de repente, estás ahí, justo delante. Muy bonita aunque estaba con andamios preparando ya las luces de Navidad. Estoy deseando verla de día y disfrutarla en todo su esplendor.

Como ya era tarde y empezaba a hacer más fresquito de la cuenta decidí volver a mi ”suit” para descansar.

Hasta mañana.

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Plaza Roja.

Distancia: 15,02 km.

IG: llopis_ig

FB: Viajes al infinito

 

Más enlaces relacionados con este viaje:

A por el viaje de mi vida: 2 meses, 10 países.

San Petersburgo, ¿la Venecia del norte?

13 comentarios en “Etapa 2: Adiós San Petersburgo, hola Moscú… y su hotel

  1. Pingback: Viajes al infinito

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