Cuando el sol brilla sobre el Neva

07Nov2017. Cuando la luz brilla en el río Neva, San Petersburgo adquiere otro color, otra forma de lucir. Los tonos pasteles de las casas recuperan brillo y lucen radiantes en los días soleados, pero no consiguen competir con el pan de oro que cubre las cúpulas de las iglesias y las torres que desde cualquier calle se dejan ver.

DSC_0432
Fachadas y río se resaltan el uno al otro.

Así empezó el día hoy, en mi último día en la ciudad, sale el sol y, aunque el frío es constante, el ánimo sube y hace que avances más y mejor durante el día. Lástima que fuera en el día que tenía reservado a los museos, aún así, día precioso para disfrutar de un día más en la antigua capital rusa.


Kunstkamera

Este museo (300 RUB) situado en la Isla Vasilyesky es el más antiguo de la ciudad, fundado (como no) por Pedro el Grande en 1714. Abre a las 11:00 pero conviene ir 20 minutitos antes (pese al frío) para evitar colas. Estas colas son una muestra más del fervor ruso por los buenos modales, se cuelan cada vez que pueden y no se cortan con los empujones.

Gran parte del museo está dedicado a las diferentes culturas que habitan alrededor del mundo divididas por continentes. No dudo que tenga su interés, pero el tiempo apremia y fui directo a la última sala del primer piso haciendo el recorrido al revés.

DSC_0427
Becerro con dos cabezas.

Aquí es donde encontramos la joya de la corona, lo que podríamos llamar la sala de los horrores. Esta parte del museo me confirmó lo morboso que puede ser el ser humano (yo el primero), ya que la mayoría de los visitantes eran niños pequeños acompañados por sus padres.

Lo que hay en esta sala no es más que cabezas y otras partes del cuerpo y esqueletos de niños deformes. Fetos bicéfalos, con dos caras, a los que les faltaba alguna parte del cuerpo, con hernias cerebrales, órganos duplicados, siameses, cíclopes, e incluso, una placenta con 5 fetos. Todos conservados en botes con formol. También hay algún animalillo pero no llama tanto la atención.

DSC_0422
No era lo más desagradable. Sin palabras.

Todo esto fue coleccionado bajo el contexto de una apertura moral, cultural y religiosa al estudio del cuerpo humano, lo que incluye disecciones y el estudio de estas malformaciones. Con ello, Pedro I abrió este museo para concienciar a la población de que estos males no son provocados por la magia o la brujería sino por problemas internos o de creencias de la madre. Una visión un poco más acertada pero que venía de un hombre que alojaba en la corte (no era la única en Europa) a gigantes y enanos como divertimento del personal. De hecho, el esqueleto y corazón del gigante Nikolay Bourjois están expuestos, y eso que el propio Pedro se dice que medía más de 2 m.

Merece la pena entrar en este museo para ver, como muestra, la de cosas que se han hecho con el cuerpo humano. Muchas de ellas han servido para avanzar en medicina y otras ciencias.

Para subir más allá del tercer piso donde se encuentra el globo de Gottorp hay que pagar una entrada a parte.


Hermitage

Después de salir del Kunstkamera había que cambiar de registro y entrar en, posiblemente, LA MARAVILLA de San Petersburgo, y ver la escalera en la entrada principal hace presagiar lo que viene después. Pocas cosas se pueden decir de este impresionante museo/palacio donde poder pasarte horas y horas viendo obras de arte, decoración palaciega y arquitectura en su máxima expresión. Podría organizarse un viaje entero sólo para poder acercarte a ver todo lo que ofrece. Hasta las vistas al río son impresionantes, pero los cristales hacen aguas y no se fotografía bien. Sin contar que existen unos almacenes al norte de la ciudad que se pueden visitar, y las colecciones que se están llevando a otros museos como puedan ser el edificio del Estado Mayor, justo enfrente.

DSC_0450
Habitación roja del Palacio de Invierno.

No soy un entendido en arte pero El Prado o el Louvre deben estar por delante en cuanto a galería artística, pero el lujo, opulencia, esplendor y derroche que se respira mientras se pasea por el Palacio de Invierno no lo he sentido en ningún otro. Cada sala es bonita de por sí aunque estuviera vacía. A eso hay que sumarle todo lo que cuelga de sus paredes, lo fascinante de sus techos y las esculturas.

Supongo que los que entiendan un poquito de esto se estarán tirando de los pelos pero es lo que noté y lo que percibí mientras visitaba el Hermitage. Al igual que también, tengo que decir, que me sentí sobrepasado ante todo lo que había que ver (también me ha pasado en otros grandes museos de arte). Era tanto lo que intentaba abarcar que al final no disfrutaba. Así que decidí organizarme un poco y centrarme el alguna cosilla que me llamara la atención. Estuve 3 horas y casi no me dió tiempo a nada. Incluso me perdí queriendo salir.

Es recomendable ir, más o menos, con la idea clara de qué hay y qué ver (lo que yo no hice) para centrarse en los intereses de uno mismo y aprovechar al máximo. Otra opción es contratar un guía privado. Por cierto, la aplicación móvil del museo es bastante mejorable.

DSC_0446
Escaleras a la entrada.

El museo se divide en 3 partes. La primera, en la planta baja, en su mayoría destinadas a exposiciones temporales. Yo vi una de Egipto, a la que no hice mucho caso y tenía que ser bastante interesante, y otra sobre los 100 años de la revolución de octubre. Esta, para mí, más interesante y a la que sí dedique más tiempo. Cabe que recordar que el gobierno bolchevique se inició con la toma del Palacio de Invierno la noche del 25 de Octubre de 1917.

 

La segunda planta alberga gran parte de la colección de arte europea, de la Edad Media al s. XIX, y donde se encuentran los salones más fastuosos, y algunas salas sirven como muestra de la vida real en palacio con diferentes estilos de diseño mobiliario.

Y la tercera, dedicada al arte oriental y oriente medio. No tuve tiempo ni de subir.

Dicho esto, me paré a ver pintura italiana, flamenca, holandesa y española. A esta última están dedicadas unicamente dos salas (239 y 240) y, supongo que por chovinismo puro y duro, fue a la que más atención presté. Había pinturas, entre otros, de: Velázquez, Ribera, Murillo, Alonso Cano, Zurbarán y el Greco.

DSC_0455
Hebe, Antonio Canova.

También me paré en dos madonas de Da Vinci (salas 214 y 215), Van Dyck (246), Rubens (247) y Rembrandt (204). Del que me llamó la atención ”Adoración del mago” por el detalle en un formato tan pequeño y ”Descendimiento de la cruz” por el efecto que da a la luz. Los eruditos estarán calvos a estas alturas. Pero aquí lo dejo.

DSC_0456

Para entrar al museo, es mejor reservar la entrada por Internet (17$) para evitar colas de gente rusa y estar más tranquilos para entrar cuando queramos, yo me tomé un croissant con un cafelito. Se accede por la derecha de la fachada principal por una entrada lateral, casi fuera de la plaza, antes de llegar a unos atlantes que sostienen un pórtico frente al Grand Hermitage. También hay que decir, que aquí tampoco hablan inglés.

 

 

 


Paseito por el centro histórico

Como ya se hizo de noche y me quedaban lejos algunas cosillas que tenía pendiente, decidí pasear por el centro histórico con los monumentos iluminados. Todo alrededor o muy cerca de la, siempre recurrente, Av Nevski.

Pasé por una cafetería Kupetz Eliseevs, enfrente de la ploschad Ostrovskogo donde se encuentran la Biblioteca rusa, el palacio Anichkov. Crucé el puente Bankovsky, estaba en obras así que me perdí los grifones de sus lados. Volví a disfrutar de la catedral de Kazán, del edificio Singer (el de las máquinas de coser) y di una vuelta a la ploshchad Iskusstv donde se encuentra la estatua de Pushkin y a su alrededor el Museo Ruso, el teatro Mikhailovksy, la filarmónica Shostakovich y el histórico Grand Hotel Europe.

DSC_0471
Moteros con la bandera de la URSS.

Una vez más me acerque a la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, que recibe este nombre porque se levantó donde Alejandro II fue asesinado por una bomba. Existen increíbles vistas desde el puente Troitsky, pero también estaba en obras. Detrás se encuentra la Konyushennaya ploshchad donde se sitúan las caballerizas de la corte (en obras desde hace años), enfrente se encuentra el museo de máquinas recreativas soviéticas. También pasé por los jardines Mikhailovsky, enfrente del palacio con el mismo nombre.

DSC_0483
Al fondo, la Iglesia del Salvador sobre Sangre Derramada.

Siguiendo el cauce del río Moyka y pasando por delante de la casa Museo de Pushkin se llega al palacio Stroganov y de ahí de nuevo a la plaza del Palacio.

Un paseo cortito. Y tras enviar unas postales se acabó por hoy.

Distancia: 22,31 km.

IG: llopis_ig

FB: Viajes al infinito

Un comentario en “Cuando el sol brilla sobre el Neva

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s