Día 6: La guinda que puso el fin.

Hoy tocaba madrugar más que nunca, a las 6:30 para estar listos a las 7:30 e ir a ver, posiblemente, la atracción turística más importante de Bután.

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Dos arcoiris desde mi habitación.

Nido del Tigre

La carretera estaba llena de niños dirigiéndose al colegio, todos con sus mochilas y vestidos a la manera tradicional butanesa. Se les veía contentos llevando sus almuerzos en unas fiambreras (cómo me gusta esta palabra), mientras jugaban y hablaban por el camino.

El trasiego de niños nos acompañó hasta llegar, tras media hora en coche, al parking desde el cual empezaría nuestra ascensión de aproximadamente hora y media por caminos de tierra y escalones hasta llegar a Taktshang (Nido del Tigre), posiblemente, el monasterio más importante del país y la imagen más icónica del mismo. Personalmente, cuando lo vi mientras subíamos, tuve la impresión de que era de las construcciones que más me habían impresionado en mi vida.

Llegamos sudando la gota gorda subiendo los casi 3200 m. donde se encuentra. El acceso es bastante difícil y no muy recomendable si no se está algo en forma. Nosotros tardamos hora y media en subir, pero la mayoría de las veces se planea la subida para un día entero llegando a tardarse 4 o 5 horas en subir, más los pertinentes descansos. Los grupos grandes van acompañados también por el conductor, que esta vez no tiene excusas para quedarse en el coche, y es el encargado de ir el último con la persona que más rezagada vaya.

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Nido del Tigre.

Construido en 1692 sobre un acantilado por el maestre budista Galsey Tenzin Rabgay después de que el maestro que trajo el budismo a Bután, Giru Rinpoche, limpiará el lugar con su legendaria meditación de tres años, tres meses, tres semanas, tres días y tres horas. Una vez más se mezcla la realidad con la leyenda, pues cuando pregunté cuál cómo pudieron construirlo en un sitio tan inaccesible sin los adelantos modernos, lo único que me supo decir es que eran personas extraordinarias y podían hacer lo que se propusieran. En 1998 se produjo un incendio de origen desconocido por lo que, actualmente, siguen los trabajos de reconstrucción aunque prácticamente están acabados.

Mientras nos salíamos del terreno marcado por un camino más rápido pero sin sitios para descansar le pregunté porqué lo tour operadores no avisaban de lo difícil del ascenso, ya que, por ejemplo, yo no iba preparado y mis zapatillas no eran las mejores. Me explicó que hasta lo incluían cuando había nieve en la montaña, pero que él sí que avisa antes de la subida, también informaba sobre la posibilidad de subir a caballo hasta una cafetería que hay en mitad de camino, donde ya hay gente que ya se queda a esperar mientras los demás suben.

Llegamos al monasterio los primeros del día, nos cachearon y tuvimos que dejar las cosas en una taquilla, menos mal que el guía llevaba un candado. Esta vez no estaba permitido hacer fotos en ninguna parte del recinto, la cámara se quedó en la taquilla.

Al entrar al complejo, accedimos a la cueva (hoy tapada por un altar) donde el maestro había estado meditando tan largo tiempo. Mientras el guía hacía sus reverencias llegó un lama visitante que empezó a sacar de una mochila un sinfín de instrumentos para el rezo antes de comenzar a recitar mantras en voz alta mientras los contaba en una especie de rosario.

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Uno de los descansos que existen en el camino. El monasterio al fondo.

Luego accedimos al templo principal donde se encontraban los budas de las tres figuras más importantes del país (Buda Gautama, Rinpoche y Ngawang Namgyal), junto a ellos sus transformaciones más agresivas abrazados por una mujer que llevaban a horcajadas, símbolo de la unión para vencer a las fuerzas negativas. No pudimos ver mucho más ya que había un corte de luz y los demás templos visitables no tenían ventanas al exterior, así que nos dirigimos a la salida.

Al salir, empezaban a llegar los grupos que subían a diferentes ritmos. Había que verles las caras, más de uno estaba pensando que si lo hubiera sabido se habría quedado en el hotel. Por lo visto, no construyen un teleférico porque entienden que masificaría el lugar y no se podría mantener igual de limpio que está ahora. Viendo como cuidamos algunos de nuestros monumentos, no parece que estuvieran muy desencaminados. Lo que si puso el gobierno fue una barandilla en el tramo más peligroso del acantilado y mejorado los escalones tras la muerte de dos turistas.

Paramos en la cafetería a tomar un té con leche y unas galletas y donde decidimos comer. No había carne por encontrarse ”cerca” del monasterio. Los monjes no comen carne cuando están en él, y la mayoría ni siquiera cuando salen. Esto no pasa en todos los restaurantes, pero este estaba junto a uno de los lugares sagrados más importantes.

El guía pudo comer conmigo ya que este restaurante se lo permitía. Al fin… NO COMÍ SOLO.

Llegamos al coche (que el conductor había limpiado) y nos dirigimos hacia Paro Dzong.


Paro Dzong y a las tres en casa

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Dzong en Paro.

Levantado en el s. XVII por Ngawang Namgyal (como todos los Dzongs según dice la leyenda) y construido como fortaleza con funciones monásticas y administrativas.

Después de visitar varios se queda la sensación que es uno más, y muchos se mezclan en la cabeza tras tantos día. Pero sigue poseyendo el encanto de estas edificaciones y unas vistas nocturnas geniales por lo bien iluminado que está. Por allí pasean monjes y también vimos varios trabajadores del gobierno local, incluso nos cruzamos con el ”alcalde”.

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Ya de camino al hotel, pasamos por una cafetería a que comprase un trozo de tarta después de tanta insistencia durante estos días, pero es que es imposible conseguir un trozo de tarta y un café (y bueno ni hablemos) en los hoteles y restaurantes de este país. Compré también para el conductor y el guía y a las tres de la tarde estábamos en el hotel… es una lástima pues aquí todo cierra a las cinco y en Paro el hotel está a las afueras así que tampoco es que hubiera nada que hacer a parte de descansar.

Plan para mañana: 22 horas de viaje para llegar a España.

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TODO LO BUENO SE ACABA PARA PODER RECORDARLO.

Un saludo.

2 comentarios en “Día 6: La guinda que puso el fin.

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