Día 4: Exprimiendo al guía

Estos últimos post me están quedando más largo de lo que me gustaría, pero estoy aprendiendo muchísimo sobre este país y no quiero dejar pasar la oportunidad de ir apuntando cada aprendizaje y las sensaciones que voy teniendo. Ya se me mezclan los días en la cabeza así que más que nunca uso este blog en forma de diario. Encima para venir a este país te ponen un guía, así que, ¿porqué no aprovecharlo e intentar sacar todo lo que puedas?

No hablo mucho del conductor ni de lo que contaba, porque no contaba nada, sabe que su trabajo no es hablar, así que no lo hace y soy incapaz de sacarle más de dos o tres palabras. Una pena.


Paseo por el valle de Pabjichka

Ayer me pidieron salir pronto por la mañana para aprovechar el día y que las horas en carretera no se hicieran tan largas. A las 8:00 en marcha.

El guía me llevó a dar un paseo por el valle que tanto me había gustado el día anterior. Hoy hace menos niebla y más sol, así que todo suma para verlo aún más impresionante en su color verde y sus montañas rodeándolo.

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Vacas pastando en el valle.

Tras cruzar el valle hacia las montañas que teníamos enfrente del hotel, lo primero que nos encontramos son varias decenas de lanzas con banderas blancas clavadas en la colina, que según me explica, son puestas por familiares de una persona fallecida, deseando paz y tranquilidad. Otros colores significan cosas diferentes, desde la caridad hasta la suerte.

El sendero por el que andamos está embarrado por las lluvias de la noche y plagado de fuentes naturales que añaden un sonido especial al paseo. Durante el mismo me cuenta que tanto guía como conductor no duermen en los hoteles de los turistas, los ponen en barracones o edificios separados, a veces sin calefacción en invierno y sin el resto de comodidades de los hoteles como podría ser la electricidad. Esto se debe a que ellos no pagan hoteles ni tienen reserva (sus gastos están cubiertos con el del turista), pero llegado el caso, pueden llegar al hotel de turno y encontrarse que para ellos ya no quedan habitaciones, por lo que tienen que buscar un hotel y el gasto correría de su cuenta. Esto sucede más a menudo durante los meses de temporada alta, de octubre a enero. Esto sucede porque el hotel recibe el mismo dinero se hospeden allí o no. También me informó (todo esto lo desconocía) que el turista solo puede hacer noche o comer en hoteles y restaurantes aprobados por el gobierno para ello, y todo queda apuntado en su visado. Dicho esto, también me pidió que lo comentara como cosa a mejorar cuando diese mi opinión sobre el viaje al operador que lo organizó.

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Ganadero dando un paseo con sus vacas.

El objetivo del camino (3h) es llegar a un monasterio llamado Gangteng Monastery. Construido en el s. XV está a casi 3000 m. de altura. Se ve sorprendentemente majestuoso en lo alto de la colina. Como en todos los templos entramos descalzos y pudimos ver el gran Buda y los colores maravillosos en las pinturas mientras los monjes tomaban café en un descanso hasta que empezaron a tocar unos instrumentos y a recitar mantras. Momento que el guía, como ex monje, aprovechó para sus reverencias poniéndose de rodillas, tumbándose y volviéndose a levantar.

Al salir le pregunté porque no existían monumentos anteriores al s. XV-XVI y me explicó que hay pocos debido a que en ese periodo de tiempo fue cuando vino a lo que hoy es Bután un monje tibetano, Zhabdrung Ngawang Namgyel, que unificó lo que podríamos llamar ”esencia religiosa” de la región, convirtiéndose así en el primer gran maestre del budismo en Bután. La elección de los nuevos maestros es realizada por los viejos monasterios del país. Políticamente el territorio no se unificó hasta en el año 1907 con la llegada del primer rey.

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Gangteng Monastery.

Historias durante el viaje

Tras subir de nuevo en el coche y con tantas horas que nos quedaban por delante aproveché para preguntarle por temas varios y alguno (creo) que delicado. No esquivó ninguno, cosa que me extrañó y me alegró. Dejo escrito un resumen ya que me parece que todo, unido a lo contado previamente, puede dar una ligera idea de los pensamientos, si no del país, al menos de una de las personas que viven en el mismo.

Entre otras cosas, presumió de que Bután había sido uno de los países que más y mejor había ayudado a Nepal durante y después del terremoto. Mientras otros países traían ayuda pero tenían que proveerse de materiales en el propio Nepal, Bután consiguió llevar a allí todo tipo de equipos y personas para ayudar a la población nepalí. Orgullosamente me dijo que esto se debió a que el propio rey se había puesto a la cabeza de la organización del operativo.

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Vista del valle de Pobjichka.

Menos contento me comentó que Bután tiene tres aeropuertos con vuelos locales, a parte del aeropuerto internacional de Paro, pero que son usados casi en exclusiva por turistas ya que para los habitantes del país sale excesivamente caro y solo los cogen en caso de emergencia.

Otra cosa de lo que estaba muy orgulloso es que el país se abasteciese en un 100% de la energía hidroeléctrica que producían, siendo autosuficientes en ese aspecto, e incluso pudiendo vender parte de esa energía a la India. Además, existen proyectos para vender energía a Bangladesh, pero la infraestructura tiene que pasar por la India y no son gobiernos que se lleven especialmente bien. La ampliación de centrales es otra de las causas por la que las carreteras estén ampliándose y no en muy buen estado, para poder llevar materiales y demás a través de los pasos de montaña.

Entretanto volvemos a parar en el restaurante Kuenphen, donde ayer paramos a tomar un té con galletas, donde las múltiples fotos de la familia real. Estas fotos no son obligatorias pero ”el pueblo quiere al rey y el rey al pueblo”, así que toda la población tiene al menos una foto en casa. Y otra vez a comer solo, así que la mayoría de los 6 platos que me pusieron no pude terminarlos, con la rabia que me da. Pero confirmé que la fruta tiene peor color pero mejor sabor, toda la que cultivan es orgánica. Y también caí en la cuenta de que en la mayoría de los sitios no había baños separados para hombres y mujeres.

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Bandera ondulando al viento.

Cuando el guía terminó de comer en el sitio donde comen guías y conductores, se sentó conmigo y me contó, en respuesta a mi pregunta, que había menos mujeres guía y conductoras porque aún está mal visto que hombres y mujeres duerman en la misma habitación sin estar casados. Y guía y conductor tenían la misma habitación.

De vuelta al coche, le pregunté por el acceso a Internet, era algo que me intrigaba porque durante estos días no había notado ninguna restricción al respecto, pero me confirmó que existen, aunque no sabría decirme. Me extrañó que tengan conocimiento de todas las limitaciones que el gobierno les pone y lo vean normal, entienden que el poder está para ayudarles y toman las decisiones con ese fin, por tanto, no tienen porque pensar mal. También existe libertad de prensa y opinión hasta que topan con algunos asuntos contemplados en la constitución como ”intocables”, como pueden ser el rey o la soberanía nacional.

Otro tema que quería tratar era la libertad sexual en el país. Es totalmente normal tener relaciones sexuales antes del matrimonio y no es un tema tabú entre amigos y conocidos. La homosexualidad también está hoy en día aceptada según me comentó.

En relación a eso, parece ser que el gobierno quiere mantener el número de habitantes estable, pues cree que si la población aumenta puede llegar al nivel de sus vecinos (India, China, Nepal) y encontrarse que no tiene recursos necesarios para mantener un mínimo de calidad en la vida de sus ciudadanos. Para ese control propone, por ejemplo, a las mujeres con más de 3 hijos la posibilidad de operarse para evitar tener más. Es algo que el gobierno promueve pero no existe una obligación como tal. Sobre este asunto, a la iglesia budista no les gusta pero entienden las razones de hacerlo y creen que es mejor tener menos población en mejores condiciones que más habitantes en condiciones peores.

Todo esto son opiniones personales de un habitante butanés y la interpretación mía al ponerlo por escrito, nunca intenta ser un reflejo del pensamiento de la población, pero estoy seguro que no difiere tanto de la generalidad en sus aspectos más esenciales.

Y en este momento, nuestro coche se detiene.


Etapa final al viaje de hoy

Un árbol está a punto de caer sobre la carretera, así que el servicio de mantenimiento de carreteras se desplaza hasta allí para derribarlo. Dos excavadoras están retirando piedras y retirando escombros, lo que detiene el tráfico hasta que paran para dejarnos pasar. Dicho servicio funciona todos los días para mantener las carreteras lo mejor posible, ya que, al ser tan montañoso, el riesgo de derrumbes es tremendo. A esto le sumamos que nuestra furgoneta al estar parada se queda atrapada en el barro y nos tienen que empujar las personas de los coches de atrás, por supuesto, a mí no me dejan ni bajarme del coche.

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Stupa en mitad de unos campos de arroz.

Tras este incidente vemos como un coche pierde uno de sus tapacubos delante nuestra. Nuestro conductor empieza a pitar hasta que el otro se da cuenta y viene a ver qué pasa, pero no lo hace con aire desafiante ni con chulería tras la pitada, sino con total cordialidad pues sabía que si le habían pitado tanto sería por algo. Igualito que en las carreteras españolas.

Y llegamos al segundo destino del día. Un pueblo cuyas casas tenían penes en sus fachadas. Pregunté pero no obtuve respuesta hasta más tarde.

En el pueblo había un monasterio al que había que ir atravesando unos campos de arroz. Hasta este viaje jamás había pensado en lo bonito que son y lo maravilloso que es pasear por ellos y ver la gran lona verde que despliegan en pleno valle. Un espectáculo, una obra de arte que se mueve con el viento.

A mitad de camino unos niños que estaban jugando me piden que los fotografíe, nos acompañan un tramo, y tras decirme lo blanco que era y que fuera a comprar a la tienda de su hermano nos dejan mientras nosotros seguimos nuestro trayecto.

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Niñas posando tras pedir que les echara una foto.

Y llegamos ya al templo Chimi Lhakhang, dedicado a Lam Drukpa Kunley, un maestro budista del s. XV-XVI que vivió más de 100 años y famoso por lo rodeado de contradicciones en que vivía, pero de todas se podía sacar una enseñanza que ayudase en nuestras vidas. Iba con un falo de madera, era cazador, bailaba y cantaba mientras enseñaba etc. Es símbolo de no aceptar lo establecido y de la crítica. Por todo ello lo llaman el sabio loco o el loco divino. Curioso pensar como adoran a este maestro y, a la vez, su constitución les prohíbe criticar al rey o al poder. Supongo porque no conciben que a estos se les pueda criticar, y como no es algo que tengan en la cabeza, no asocian ambas ideas. Por cierto, también les está prohibido por ley llevar en su traje tradicional un pañuelo amarillo o naranja sobre sus togas, ya que son las que lleva el rey y el maestre budista (amarillo) y el primer ministro de la nación (naranja).

Y entre estos pensamientos, entramos al templo, con su buda y sus pinturas llenas de colores. También en un descanso de las oraciones y tras el mismo, recital de mantras que el guía acompaña con reverencias. Allí se congregan muchísimas personas mayores pues, es costumbre, que mientras los jóvenes trabajan, los mayores estén en el templo rezando. También les sirve para entablar relaciones con gente de su edad.

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Personas mayores rezando.

Dentro del templo está el falo de madera y el arco y la flecha del maestro loco, y por eso, tanto dibujo fálico en las fachadas del pueblo. Es tradición que las parejas que no pueden tener hijos acudan a este templo para recibir la bendición de los monjes. Tienen un álbum con fotos de todas las parejas que han venido desde todas las partes del mundo y a los que la visita les ha funcionado. Esto le servía al guía para confirmarse en su fe y de que en la vida existe una balanza entre religión y ciencia, y no se entiende la una sin la otra.

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Chime Lhakhang.

A la vuelta al coche y tras salvarnos unos niños de unos insectos peligrosisisisisimos (eso nos decían), llegamos al hotel Lobesa, donde comimos ayer y haciendo gala de su habitual cortesía me reciben con un paraguas y gestos de amabilidad. Subo a cenar solo y otra vez, el helado de postre me supo a gloria.

Plan para mañana: caminata por el campo para llegar a un Dzong (fortaleza/monasterio) e intentar el ascenso al nido del tigre si el tiempo lo permite.

Espero no haber sido muy pesado. Hasta mañana.

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2 comentarios en “Día 4: Exprimiendo al guía

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