Día 3: Sin wifi también se aprende.

Dos días sin Wifi y sobreviví. De hecho, me ha resultado extraño que sin Internet puedas pasar tanto tiempo con las personas, e incluso, sin esforzarte mucho, llegar a conocerlas mejor y aprender de ellas. Pues eso es lo que he hecho estos dos días: abrir los oídos y escuchar todo lo que el guía tenía que contarme.


De Timpu a Phobjikha

El plan para hoy era básicamente pasar el día en el coche para llegar al valle de Phobjikha. Pero antes teníamos que pasar por Dochula y sus 108 stupas. Este número es importante en la cultura budista pues son las 108 enseñanzas que Buda dejó.

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Algunas de las 108 stupas en Dochula. Cada una de ellas con figuras de Buda en diferentes posturas.

Situado a unos 3100 m., ste monumento fue construido en 2004 en honor a los soldados butaneses que murieron en la insurrección asamesa de 2003. Fue mandado construir por la mayor de las cuatro esposas del cuarto rey de Bután.

Lástima que hiciera tanta niebla que nos impidió disfrutar del monumento y de las vistas a algunas de las más altas montañas del Himalaya.

Después de la visita, un té y unas galletas (incluido en el precio del viaje) en la cafetería que está al lado del monumento, momento que aproveché para preguntarle cómo viajan ellos y me explicó que si ellos quieren salir del país el gobierno les hace muchas preguntas para conocer el motivo, pero es más común que ellos inviten a alguien al país. Aunque únicamente pueden invitar a dos personas por año, esto reduce el coste de las tasas y dichas personas pueden venir sin una agenda cerrada y sin necesidad de guía, pueden ir visitando lugares e improvisando según les plazca. Por el contrario, como turistas, en el visado aparece donde y cuando te vas a quedar cada noche en el país.

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Vuelven a sorprenderme los campos de arroz por donde pasamos pese a la lluvia.

También me cuenta que para poder montar una agencia y organizar viajes al país tienes que ser de aquí y mostrar al gobierno que posees suficiente capital para montarla. Eso sí, el dinero puede venir de un inversor extranjero.

Con esto, al coche a seguir el camino.


De Timpu a Phobjikha

Por el camino nos encontramos multitud de vacas debido a que las familias agrarias siempre tienen alguna que les proporciona leche. También me extraña ver muchos ciclistas muy bien ataviados con equipaciónes completas de equipos profesionales, no me sabe explicar el porqué pero supone que es un buen medio de transporte para la gente humilde.

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Valle de Phobjikha.

Pasamos por el monasterio de monjas Dorji Nunnery Punakha. El número de monjas es bastante menor, pero está aumentando pues una de las esposas del cuarto rey es la cabeza religiosa de ellas, por lo que se está promocionando esta salida para las jóvenes butanesas.

Me cuenta también que las cuatro esposas del cuarto rey son hermanas y que por tanto sus hijos (unos 15 en total) son a la vez hermanos y primos, y no parece haber ningún problema entre ellas. Hoy en día la constitución no permite esto, así que el rey actual tiene una esposa que, además, eligió de una familia completamente normal, del pueblo.

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Los paisajes naturales de Bután no paran de sorprenderte.

Llegamos al lugar donde comeré y dormiré al día siguiente, el Hotel Lobesa. Hotelito rural bastante bonito y con grandes vistas a otro de los valles del país. Recomendable el helado que ponen como postre. Vuelvo a comer solo y, para variar, no me dejan ni servirme la bebida, lo cual es bastante aburrido. Paran también grupos de chinos y japoneses. Parece ser que son, junto con los estadounidenses, los turistas más habituales.

Cuando vuelve el guía me cuenta que, a veces, China invade ciertos territorios como quien no quiere la cosa, aprovechando la construcción de alguna carretera o infraestructura. Ante esta situación, India tiene que intervenir para impedirlo y, por tanto, Japón presta también su apoyo a los butaneses. Esto no ayuda a la mejora de las relaciones entre estos países. Hay que recordar que Bután está en medio del Himalaya sin salida al mar y que sus fronteras no siempre son fáciles de delimitar.

Además, me va comentando cosas sobre la marcha que me resultan muy curiosas, como que, en un país tan religioso, la religión se enseña en casa y no en las escuelas. O que conoce Amazón e incluso pueden comprar si tienen una cuenta bancaria especial para ello. Al final, resulta, que no están tan aislados como creía.

De vuelta al coche pasamos por la fortaleza (y templo) Wangdiphodrang Dzong, construido en 1638, que se incendió en 2012 y están recontruyendo.

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Wangdiphodrang Dzong.

Hay que decir que las carreteras en general son bastante buenas pero hay tramos que son más complicados, sobretodo en las alturas, pues no están bien asfaltados y se embarran por las lluvias, existe un proyecto que ya esta en marcha de construcción de una carretera más amplia con ayuda de capital indio. Sirva como ejemplo como durante nuestro viaje tuvimos que parar ya que había varias piedras en el camino, al bajar el guía a retirarlas empezó un desprendimiento que casi le sepulta, pero tuvo reflejos y consiguió esquivarlo a tiempo, poder retirar las piedras y volver al coche para continuar la marcha.

Al alcanzar unos 3000 metros de altitud entramos en una densa niebla y a esa altura nos encontramos algunas familias de Langur de cabeza blanca. Unos monos que habitan en esas alturas, y que salen corriendo al vernos pasar. También pasamos por infinidad de templecitos y stupas que la gente construye (bajo aprobación del gobierno) allá donde cree conveniente.

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Langur de cabeza blanca.

Al llegar a Phobjikha, el guía me comentó que durante los meses de noviembre, diciembre y enero, pasa el invierno una importante colonia de grullas cuellinegras. En otra demostración de preocupación por la naturaleza, el gobierno no permite el cultivo de la parte central del valle (el resto es conocido por el cultivo de patatas) pero compensa económicamente al campesinado para que las aves sigan viniendo, a su vez, prohíbe la colocación de tendido eléctrico a la vista en el valle, y el cableado ha de ser subterráneo. Por lo visto, también reciben ayudas del gobierno austriaco para la conservación de la especie.

A los pies de las Montañas negras, este valle es de lo más impresionante que he visto. Es hermosísimo ver todo verde rodeado de montañas y vacas y caballos pastando.


Paseo sin vigilancia

Llegamos al hotel Dewachen tras casi 9 horas de camino. Anteriormente habíamos hecho una paradita a tomar otro té con galletas en la carretera en el Restaurante Kuenphen, donde llamaba la atención sus vivos colores en el interior y por estar repleto de fotografías y retratos de los diferentes reyes de Bután.

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Cuarto rey butanés y sus cuatro esposas y retratos de los 5 reyes que han tenido hasta la fecha.

El hotel Dewachen esta bastante chulo, construido a la manera tradicional butanesa con multitud de detalles y muebles de madera. Por eso sorprende ver que en cada habitación haya una estufa, madera y cerillas. Pero sin duda, lo mejor son las vistas al valle que tiene.

Después de colocar mis cosas me doy un paseo por el pueblecito y el valle. Aquí sí que me miran extrañados. Es precioso ver como baja la niebla por la ladera de las montañas. Empieza a llover y vuelvo al hotel.

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Caballo pastando donde en invierno lo hará junto a las grullas.

Y justo antes de cenar, se va la luz. Enciendo unas velas que el hotel deja en las habitaciones, por lo que entiendo que no es la primera vez que pasa. Bajo a cenar a la luz de las velas como en pleno s.XIX. Otra vez sólo, no hay manera de que se siente alguien conmigo. Para cenar me sirven 6 platos que, por supuesto, es imposible comerse. Qué pena tirar comida, que es de las cosas que más rabia me pueden dar.

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Vaca disfrutrando de una agradable tarde de lluvia en pleno valle.

Y con esto, se acaba otro día más en el reino de Bután.

Plan para mañana: salir temprano a dar un paseo por el valle hasta el monasterio Gangteng Goemba, continuar de vuelta hasta Punakha y ver el templo Chhimmi Lhakhang.

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3 comentarios en “Día 3: Sin wifi también se aprende.

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