Día 8: Convertirse en nepalí y sobrevivir.

Hoy escribo desde el aeropuerto de Katmandú mientras espero el vuelo que me llevará a Bután, la parte que más ilusión me hace del viaje.

Ayer fue un día muy especial. Conocí a dos chicas nepalíes muy divertidas que me enseñaron un Nepal diferente, lejos del turismo de la capital y concretamente de Thamel. Una de ellas, Salna, me había agregado a facebook hacía unos días, no sé cómo, y me había aconsejado sitios que pudiera visitar, aunque reconozco que no le hice mucho caso, finalmente, me dijo que se ofrecía voluntaria junto con otra amiga, Srijana, para acompañarme a Dhulikhel y hacerme de anfitrionas.

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Mis nuevas amigas desde el mirador de Dhulikhali, Srijana y Salna.

Una mañana sin pena ni gloria

Por la mañana, me había levantado con tranquilidad, desayunado y duchado para ir a recoger la ropa que había dejado en la lavandería (donde estuve hablando un rato con unos voluntarios españoles) y visitar la biblioteca Kaiser. No me acordaba que los sábados es el día libre en Nepal, por lo que estaba cerrada. Esta biblioteca-museo resultó ser lo que el primer día me pareció un edificio colonial abandonado debido al estado en el que se encontraba y tener un coche abandonado en mitad de un jardín nada cuidado.

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Coche abandonado en el jardín de la biblioteca Kaiser.

Al estar cerrada entré en una tienda de libros muy chula donde el amable dueño me recomendó un libro sobre la historia de Nepal, como me apetecía conocer algo más sobre el país, lo compré, aunque creo que será lo típico que compro en mis viajes con la emoción de estar en el lugar pero luego, al llegar a España, nunca me acuerdo que lo tengo. Al salir, me encontré con un señor mayor que llevaba un ciclo rickshaw y que me saluda a diario a gritos desde la distancia como si fuéramos amigos de toda la vida, me gusta como se acercaba y, riéndose conociendo mi respuesta, me ofrecía sus servicios, ambos nos reíamos porque desde el primer día sabe que no conseguirá llevarme a ningún sitio en su rickshaw.

Ya era casi la hora de encontrarme con las chicas, así que caminé hasta la entrada del parque Ratna donde creía que habíamos quedado. Tras media hora esperando y sin que apareciese nadie, pensando que me habían dejado tirado, busqué un bar con wifi para poder comunicarme con ellas. Lejos de la zona turística, como estaba, no era tarea fácil y para colmo empezó a llover. Entré en un bar donde todos los clientes me miraban extrañados pues no era el típico lugar donde entran los extranjeros. Por supuesto, no tenían wifi, así que me alejé de allí y entré en un hotel donde sí había. Conseguí contactar con ellas y vinieron a buscarme. Resulta que ellas esperaban en la parada de bus de Ratna Park y yo estaba en la entrada al parque… no estábamos en el mismo sitio.


Viaje a Dhulikhel

Ya juntos, fuimos a la parada de buses donde nos montamos en el bus que nos llevaría a Dhulikhel. Un autobús más viejo y sucio de lo que estamos acostumbrados pero con el encanto que da estar viviendo una ”mini aventura”. El viaje lleno de baches y con la típica vergüenza entre nosotros de las personas que se acaban de conocer y la comunicación entre ellos no es fluida porno ser en ninguno de nuestros idiomas maternos. Fue un viaje especial, era el único guiri y fue una experiencia del todo recomendable.

Curioso como la gente sube y baja de los buses en marcha, como tienen asientos reservados para las mujeres, el volumen de los altavoces con música nepalí puesta y la educación al dejar asiento a personas que lo necesitaban, costumbre que algunas veces echo de menos en España. También me llamó la atención que se paga cuando bajas, y no cuando subes al bus, el cambio del billete lo da un chico, y mejor no saber dónde guarda y cómo maneja esos billetes.

Tras una hora y pico de camino llegamos a nuestro destino (pasando por una colina dominada por una gran estatua de Shiva que me quedaré sin conocer). Una aldea en las montañas muy conocida entre el turismo local, ya que, una vez más, volvía a ser el único foráneo. Siendo la hora que era, el hambre apretaba así que mis amigas decidieron parar en un típico restaurante local a comer, donde apenas había dos mesitas junto a una cocina y la comida se hace a la vista. Un restaurante a donde jamás hubiera pasado en España pero aquí me apetecía y no me había atrevido por desconocer qué comería. Les extrañó que cogiera una cerveza de la nevera para comer, pues preferían no empezar a beber en mitad del día.

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Plato que nos sirvieron. Picaba. Si te fijas, se ven los pelillos en la piel del animal.

Los cocineros eran un hombre y dos mujeres muy risueños que se reían, junto a mis dos anfitrionas, de mí al ver que era incapaz de comer por el nivel de picante que tenía aquello. Me dieron un puñado de azúcar que, por lo visto, contrarresta el efecto picante. Un plato de arroz ”machacado” con varios tipos de carnes muy sabroso y rico, que dejé de saborear al tener la boca insensible. Pasamos un rato genial con las personas del restaurante y un niño que andaba por allí comiendo y jugando con un móvil. El hombre me confesó que nunca había visto a un europeo comer en su restaurante ni mucho menos comida tan de allí.


Paseo, vistas y atracción

Después de comer empezamos a subir los 1000 escalones que llevan a una gran estatua de Buda y a un mirador con unas vistas impresionantes. Nos hicimos varías fotos y nos sentamos un rato a descansar antes de comenzar el descenso.

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Buda en Dhulikhel.

Durante la comida y posterior subida rompimos el hielo y la conversación era ahora fluida y muy amigable, llena de más risas, canciones y bailes de mis compañeras, hablando de temas sin relevancia de los que hacen que pase el tiempo más rápido de lo que te gustaría.

Al llegar de nuevo a la aldea, ambas se empeñaron en que me introdujera más en la cultura nepalí y paramos en una frutería a comprar ”katahar”, una fruta muy rara con unas semillas envueltas en una especie de chicle muy dulce y amarillo que es lo que se come. Estaba muy rica y al ver que me gustaba paramos en otro puesto callejero a comprar una más y comerla sentados allí mismo, en la calle. También compraron unas mazorcas de maíz asadas en unas barbacoas en el suelo, que comimos en el bus de vuelta.

Durante toda nuestra visita en al aldea y, especialmente, en ese rato que permanecimos sentados venían niños y adultos a vernos (supongo que a mí) como si fueramos una atracción de feria. Me hacía mucha gracias y aprovechábamos la situación para jugar con los niños y reírnos con ellos y sus padres. La gente era encantadora y se portó genial al ver que una persona occidental no tenía reparo en sentarse en el suelo con ellos en su propio ambiente.

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Katahar (Jackfruit).

Una vez terminado volvimos a la parada de buses de vuelta a Katmandú.


De vuelta

El autobús de vuelta era parecido al anterior, esta vez fui de pié todo el trayecto, esta vez nocturno.

A mitad de camino, una de las chicas (no diré cuál) no podía aguantar las ganas de ir al baño, así que nos bajamos en la siguiente parada, pagamos al chico, buscó un baño y de nuevo subimos a un autobús que pasaba por allí. Me gustó la manera de desenvolverse de mis amigas habiendo parado en un pueblo ¿perdido? y de noche, se movían como pez en el agua sin miedo ninguno, pues no había de qué temer, complejo occidental que tenemos al encontrarnos en un lugar desconocido y que cuando llevas unos días te das cuenta que era un sinsentido Este bus no nos dejó en la misma parada en la que cogimos el de ida, así que nos montamos en un taxi, a ellas las dejó en sus casas y a mí me llevó hasta cerca del hotel. Una despedida llena de gracias y buenas palabras pues había pasado la mejor tarde desde que llegué a Nepal y las pobres me habían invitado a todo. Mi eterno agradecimiento a estas dos personas tan maravillosas que conocí.

Dicho esto, me extrañó que durante toda la tarde no me preguntaran cosas sobre España (solo que tradujese el estribillo de ”Despacito” :O) y Europa, ya que era algo que siempre me habían preguntado. Eran dos chicas cultas (aunque no situaban España en un mapa :P) y estudiantes así que supongo que no tienen la necesidad de otras personas de imaginar otro mundo y otra manera de vivir. Ellas estaban felices y orgullosas de ser nepalíes y no lo ocultaban, hablaban con todo el mundo y se acercaban a todos los niños a jugar con ellos (echaron un partidito de bádminton en una escuela con niñas que jugaban en la carretera).


Cervecitas por Thamel

Al llegar al hotel escribí a la chica barcelonesa que había conocido el día anterior y nos fuimos tomar una cerveza. Primeramente lo intentamos en un garito que se llamaba OMG, donde había un concierto heavy y no era el mejor sitio para tomar un refrigerio y mantener una conversación, así que fuimos al Paddy’s, un agradable pub irlandes donde no eramos los únicos de fuera y nos acompañaba una rata que andaba por allí disfrutado de la música en directo.

Sobre la una y viendo que aún tenía que hacer la maleta, pagamos, acompañé a la chica a su hotel y me fui al mio a descansar tras pasar un rato muy agradable y poder comprobar al gran vida nocturna que tiene el distrito, donde ves a chicos y chicas, locales y extranjeros, arreglados para la noche de fiesta que les espera y tenía pinta de que duraría hasta altas horas de la madrugada, a las cuales muchos no llegarían pues se encontraban ya en un estado alcohólico un poco lamentable.

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Distrito de Thamel lleno de restaurantes y locales con música en directo.

Había terminado mi mejor día en Nepal, donde sentí que, realmente, empezaba a conocer el país y a su gente. Lástima que se acabase.

Vuelvo a agradecer a Salna y Srijana su hospitalidad y paciencia en mostrarme lo que es Nepal. ¡¡Estáis invitadas a España cuando queráis!!


Lecciones aprendidas

  • No hace falta cargar con mucha ropa a Nepal, basta con llevar la ropa sucia a una de las muchas lavanderías que existen. También puedes lavar la ropa tú mismo, pero debido a la humedad tardará un par de días en secarse y no con el mejor de los olores.
  • Intentar conocer a gente local, descubres sitios nuevos y fuera de lo turístico que enriquecerá el viaje.
  • Usar el trasporte público. Es incómodo pero también una gran experiencia. Solo no lo hubiera hecho por pereza pero conociendo a alguien con la que puedes comentar las jugadas que van sucediendo hay que hacerlo.
  • Prueba la comida local, con precaución. Cuidado con el agua. Fuera de eso uno puede atreverse a probar cosas diferentes. Yo no lo suelo hacer por desconocimiento de las comidas locales y porque no soy un gran consumidor de nuevas cocinas.
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Foto típica que los turistas locales se hacen cuando se acercan a Dhulikhel.

Plan de hoy: Volar a Buthan y visitar lo que el guía me indique.

Hasta luego.

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