Día 6: Dakshinkali, Bungamati, Kirtipur y un taxista cabreado.

Otro día más me despiertan antes de lo que quería. Esta vez, la recepcionista al ver que no había bajado a desayunar me llamó para confirmar si bajaba o no. Pues ya que estaba bajé y empecé un nuevo día en la capital nepalí.

Aproveché para recordar que había recibido hace poco una postal desde Croacia de una amiga, así que le debía una y fui a comprarla. Como me gustó la idea decidí enviarme también una para tenerla como recuerdo. Entré en la cafetería Café de fire para escribirlas, pedí una bebida energética y me cobraron 300 NPR (2,50€), ¡¡casi más que en España!! Empezamos bien el día… pero lo arreglaron cuando les pedí que escribieran algo en nepalí en ellas y así darles un toque especial, como se morían de vergüenza imaginando qué poner, decidí ayudarles y decirles lo que tenían que poner. Muy contento con mis postales fui en busca de un buzón u oficina para enviarlas pero… no encontré nada, seguimos con la buena suerte.


Dakshinkali/Pharping

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Viendo el éxito decido abortar misión y montarme en un taxi (en el video se puede ver lo bien que estaba), tras negociar con un taxista, que no tenía ni idea de inglés y que si no era el más viejo de Katmandí poco le faltaba (sin cinturones), con destino a Dakshinkali, uno de los lugares preferidos de los peregrinos hindúes, donde supuestamente aún se celebran sacrificios animales. Digo supuestamente porque no pude llegar al templo donde se celebran ya que el taxista insistió en que el templo budista (al lado del parking) era lo único que había. Sí que vi dicho templo, que llama muchísimo la atención por su color blanco y dorado. Más tarde descubrí que se trataba del templo Sakya Tharig Gompa, en la localidad de Pharping con su impresionante Ralo Gompa, no de Dakshinkali, por lo que nunca pisé esa localidad. Otro punto para mi amigo. Junto a una vitrina con la imagen de Guru Rinpoche (de acuerdo con la tradición, este se manifestó como un rayo de luz proveniente del corazón de Buda Amitābha) se encuentra un templo con 16 enormes molinos de plegaria.

El camino para llegar hasta allí es de los peores que he visto en este viaje. Por una carretera sin asfaltar, lleno de baches y barro y con mucho tráfico y animales cruzando los caminos. Estuvimos parados media hora porque un coche y un autobús se habían quedado atascados al intentar pasar ambos y no caber, a eso se sumó que el suelo estaba embarrado y las ruedas derrapaban. Finalmente lo consiguieron. Lo curioso fue ver que una ambulancia con la sirena puesta estaba esperando igual que nosotros, supongo que para llevar a alguien al hospital. Un desastre, así es Nepal.

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Niño budista andando por el templo.

Un viaje de 6 horas con alguien con quien no te puedes comunicar es bastante aburrido e incomodo. Y de ahí se deriva lo siguiente.


Khokana y Bungamati

Durante nuestra negociación le señalé claramente en un mapa los lugares que quería visitar y el accedió aceptando el precio de 2500 NPR que habíamos regateado, hasta aquí todo bien. Pero desde que salimos de Dakshinkali no paraba de repetir el nombre de una ciudad que nunca había escuchado y yo le insistía en que quería ir a Bungamati y que no quería ir a ningún lado más.

De repente, veo que para en medio de una ciudad cualquiera y no consigo que me explique qué hacíamos allí, yo pensaba ya en que me iba a dejar allí y se iba a largar, pues era la hora de comer y le veía con prisas y sin ganas de seguir nuestro itinerario acordado. Tras varios minutos intentando entendernos sin conseguirlo paramos a un pobre hombre que nos traducía, el taxista insistía que me bajara allí y yo que no. Dicho lo cual, con mucha resignación el taxista consintió ir a Bungamati, mi destino inicial.

La ciudad donde había parado (leí en un cartel) era Khokana, otrora una ciudad con cierto encanto y considerada una ventana al pasado pero hoy en día sus edificios más antiguos están en ruinas (el terremoto de nuevo).

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El taxista esperándome en Bungamati con cara de pocos amigos.

Para colmo, cuando llegamos a Bungamati, el taxista me para en una estación de autobuses y me da a entender que eso era la plaza principal del pueblo y que no había más para conseguir que saliéramos de allí pronto. En mi ignorancia entré en una tiendecita donde a comprar unas chocolatinas para los dos, para limar asperezas. Al llegar al hotel, por la tarde, descubrí que no, que el templo y demás monumentos estaban en la otra punta del pueblo… lastima que por uno malo que encuentras aquí se ”echen a perder” otras 100 grandes personas que conoces. Pero bueno, aún tengo dos días sin mucho que hacer e igual me decido a no quedarme con esta espinita de conocer bien estos pueblos.

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Señora asomada en su ventana mientras se secan una guindillas.

Donde no me dejé engañar es cuando llegamos a Kirtipur, tras una buena discusión. Y menos mal.

Kirtipur

Al llegar a Kirtipur el taxista me dice que se vuelve a Katmandú y que me deja allí, a lo que le dije que si se iba, no le pagaba. Él insistía y yo me mantenía en mis trece. Al final, cogí 1000 NPR y se las dí mientras me bajaba del coche y decido seguir sin hacerle mucho caso, pues había visto que había taxis suficientes para volver y autobuses de linea (en el estado que suelen estar aquí, pero me valían).

Menos mal que insistí en venir a esta ciudad. El centro antiguo es embriagador, lleno de templos en varias plazas que están muy próximas y todo en su conjunto adornando una colina. Subiendo iba preguntando a los vecinos sobre las cosas que me interesaban y me guiaban como buenamente podían para que les entendiese. Un chaval que hablaba inglés me contó (les encanta enrollarse con los occidentales) que su hermano estaba en Barcelona y que era fan de la selección española, tras un rato hablando y el pertinente selfie, que siempre piden, seguí mi camino.

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Chilanghu Vihara.

Tras encontrar por sorpresa Lohan Dehar llegué a Chilanchu Vihara, una majestuosa stupa de 1515 que corona la colina, hoy tocada tras el terremoto. Para mi sorpresa, el taxista no solo no se había ido si no que había decidido seguirme a cierta distancia detrás sin dirigirme la palabra.

Pero el plato fuerte estaba por llegar. En la plaza mayor, donde hay un templecito y un lago donde se bañaban niños, también se encuentra un patio donde está el templo de Bagh Bhairab. Hermoso templo que, tocado por el terremoto, aún se mantiene impresionante.

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Bagh Bhairab.

Y lo mejor era que… había una ceremonia. Cientos de personas congregadas allí dando vueltas al templo y los niños correteando de arriba para abajo. Sin el colorido del festival de Krishna en Katmandú, había alegría en las calles y se respiraba un gran ambiente.

Con el taxista pisándome los talones decidí no quedarme más tiempo e irnos de vuelta a Katmandú. Más tarde, descubrí que la vaca y cabra que estaban en el templo atados se usarían para un sacrificio. Esto me despertó sentimientos encontrados, por una parte, me gustaría haberme quedado y haberlo visto, y por otro, entiendo que es una crueldad totalmente desfasada y quedarse allí sería una especie de consentimiento a ese espectáculo sangriento.

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Vaca lista para el sacrificio.

Me extrañó no ver apenas extranjeros en estos sitios, supongo que si tienes más tiempo decides irte a otras partes de Nepal y no estar tanto tiempo en Katmandú como he hecho yo. Visto ahora, haría lo mismo que ellos. 7 días aquí son demasiados.


De vuelta a Katmandú

Si no nos habíamos entendido durante todo el día, menos ahora que lo único que queríamos ambos era llegar a Katmandú. Pero a la entrada, un atasco y con las prisas no se dio con un coche y luego con una moto de milagro.

Al llegar donde me había recogido decidí pagarle algo más de lo acordado por haber estado tanto tiempo conmigo (aunque a disgusto). De esto me arrepiento enormemente, sabiendo ahora lo que el taxista había hecho para ir más rápido y finiquitar mi recorrido lo antes posible.

Pasé a comer al Fire and Ice que estaba al lado de la parada de taxis. Típico restaurante con pizzas y pasta para turistas que está bien, sin más. El encargado muy amable me acompañó a una oficina postal que resultó estar cerrada. Y al fin, pasé por el hotel a refrescarme antes de dar una vuelta por Katmandú de noche.


Plaza Durbar de noche

Hoy si que decidí acercarme a la plaza Durbar por las calles a oscuras de la capital. Sin ningún problema llegué a la plaza, donde me decepcionó comprobar que las pocas luces que la iluminaban no aportaban nada especial al lugar. Si me resultó gracioso ver a una americana tocar la guitarra y cantar en plena plaza.

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Mujer haciendo una ofrenda en un templo de la calle Pyaphal Tole.

Vuelvo para el hotel por algunas callecillas también a oscuras y solo iluminadas por la luz de las motos y coches y de los comercios. De hecho, esto es lo que me ha resultado más agradable de este paseo, ver que había abiertos varios comercios locales lejos de la típicas tiendas para guiris que inundan Thamel. Una algarabía de carnicerias, zapateros, farmacias y puestos callejeros que llenaban de vida estas calles sin luz.

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Hombre trabajando al anochecer.

Sano y salvo llego al hotel desde el que estoy escribiendo. Viniendo de vuelta, si no he visto 20 buzones, no he visto ninguno.


Lecciones aprendidas

  • Si pasas más de 4 días en Nepal, no quedarse en Katmandú más de esos 4. Seguro que más allá del valle hay sitios que ver que merecen más la pena que los vistos hoy.
  • Coger taxis tiene sus riesgos, te puede tocar el taxista malo. Pero en general, son buenos y te atienden bien. El tema del inglés es otro asunto.
  • Si el taxista está dando por saco y estas en una ciudad grande, deja que se vaya, no merece la pena estar estresado y dejar de ver cosas por gente así.
  • Hay que intentar llevar los sitios que se quiere ver para evitar que te engañen. Pierde algo de encanto de improvisación pero no te quedas con cara de tonto cuando ves lo que te has perdido.
  • Gente mala hay en todas partes, pero la mayoría son buenas e intentan ayudar.
  • Volver recién anochecido por la calle Pyaphal Tole es una experiencia. Contemplar los comercios de la gente local y ver cómo son es una experiencia.

Plan para mañana: Enviar las postales y, probablemente, vuelva a Dakshinkali y Bungamati para contemplar lo que no pude ver hoy. También está la opción de ir a Chandragiri Cable Car.

Hasta mañana.

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