Día 5: La vuelta y poco más.

Hoy ha sido un día un poco raro. A las 5:00 estaba en planta para ver amanecer desde la terraza de mi hotel en Nagarkot pero no había dejado de llover en toda la noche y no se veía a más de 15 metros debido a la niebla así que mejor volver a dormir y descansar con la sensación de haber perdido un día, pero era un riesgo que había que asumir y salió mal, y podía haber salido bien.


Cuando no vienen a por tí

Había quedado con el conductor a las 11:00 para que me recogiese y volver a Katmandú pasando por Changu Nayaran. Me relevanté a las 09:30 y subí a desayunar para que me diese tiempo a ver un templecito que había cerca del hotel, ya que no había vistas, al menos, podría ver algo. El templo de Mahakali está en lo alto de una colina con muy buenas vistas al valle, no he podido encontrar muchas referencias a él en Internet.

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Esta mujer, supongo, que estaría descansando después del duro trabajo en el campo. Impresionantes los fardos de maíz que suben a cuestas.

Volví al hotel para dejar la habitación y esperar a que me recogiera. Pasó una hora y los clientes del hotel se iban y yo seguí allí. Entre el encargado del hotel pudimos contactar con mi hotel en Katmandú con los que había hecho las gestiones. Nos confirmaron que el conductor estaba en un atasco y la carretera estaba complicada por las lluvias (cosa que no me extrañó). Así que entre los hoteles llegaron a un acuerdo para contactar con algún conductor de Nagarkot como sustituto.

Mientras esperaba estaba trasteando con el ordenador y es curioso lo que les gusta mirar mientras escribes en el ordenador o el móvil. Por cierto, donde mejor wifi he tenido ha sido allí, a más de 2000 m. de altura. El chico al que le regalé la moneda de euro ayer no paró de cotillear y preguntar, tampoco me importó. Era un chico de 17 años curioso y con ganas de aprender, me explicó que le encantaban los turistas europeos porque le dejaban más en propinas de lo que le suponía su salario, así que ese euro que le había regalado, probablemente, le parecía oro.

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El conductor llenando la rueda en uno de los varios sustos que nos dio el coche.

Pasada otra hora apareció un chaval con un amigo con una tartana de coche… para traerme de vuelta. El viaje fue divertidísimo, con estos dos contándome sus vidas y sus andanzas. Sobre el coche poco que decir, andaba de milagro, echaba humo por todos lados y apenas podía pasar de tercera, pero mereció la pena y aprendí muchísimo de la cultura nepalí y de la forma de pensar de estos dos chicos. De como estos eran amigos siendo de religiones diferentes (uno hindú y otro budista) y me explicaron el cambio de mentalidad que, actualmente, está habiendo en las nuevas generaciones y la brecha que se está abriendo entre estas y las anteriores, fieles a las tradiciones y costumbres, y ellos, más abiertos y con ganas de disfrutar de la vida. A mí no me suena tan lejano. Sin embargo, aún les extrañaba que no estuviera casado… y tan siquiera con novia, es algo que me han preguntado en más ocasiones.


Changu Narayan

Después de hora y media en recorrer los apenas 11 km. que lo separa de Nagarkot, pero que se hicieron nada, llegamos a Changu. Un recinto pequeñito declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979 y donde está el Templo Changu Narayan (300NPR), que da nombre al pueblo. Se le considera el templo activo más antiguo del valle pero, actualmente, se encuentra muy dañado tras los terremotos al igual que todo el recinto done apenas se mantienen en pié los muros que lo rodean. Hoy en día, debido a su estado, sólo los monjes acceden al templo. Este complejo alberga gran cantidad de las piezas más antiguas que se conservan en Katmandú y se nota al ver lo erosionadas que están.

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Templo Changunarayan. Se aprecia su estado actual.

El pueblo mantiene un gran encanto pues parece que no ha pasado el tiempo allí. Pese a ser muy pequeño, me extrañó no ver a más extranjeros por allí hasta que llegó una furgoneta llena de alemanes, lo que me ayudó a entablar conversación con varios vecinos.

Volví a donde me esperaban mis amigos a continuar la aventura hacía Katmandú.


Thamel de noche

Antes de hablar de la noche, tengo que resaltar la belleza y el color que encontrábamos en el camino, todo lleno de arrozales y de agricultores recogiendo tan preciado cereal. Todo esto adornado por las montañas que rodean al valle, uno de los escenarios naturales más bonitos que haya visto.

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Campesinos en mitad de un arrozal. Idílico.

Tras un total de tres horas y media, para completar los treinta y pico kilómetros que separan Nagarkot y Katmandú, al fin en el hotel. Me despido de los chicos dándoles las gracias por la gran mañana que me han hecho pasar y les dejo una propinilla como aquí es costumbre.

Paro a comer al italiano La Bella Café y me paso pidiendo. Es algo bueno que tienen estos países, que por nada (hoy apenas 12€) te pones hasta arriba de comida y me apetecía darme un homenaje, que eran las 16:30 y no había comido aún. Y eso que no soy un gran consumidor de cocinas locales, me gusta comer pero sin arriesgar, pidiendo lo que sé que me va a gustar. La cocina no es uno de los placeres que me hacen viajar.

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Niña que vendía agua en un semáforo a la entrada de Katmandú.

Salí de allí y pase por el hotel a dejar las cosas y ya de noche (sobre las 18:30 anochece) me fui a dar un paseo, algo que no había hecho anteriormente pues me podía el cansancio y prefería quedarme en el hotel para tener fuerzas para el día siguiente, pero como mañana toca improvisar pues…

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Thamel de noche.

Dicho esto, me encantó la vida del barrio de Thamel por la noche, lleno de tiendas aún abiertas, de gente (sobretodo españoles), gente local ofreciéndote cosas y lleno de luces de locales y bares que abren hasta tarde. Todo está mezclado sin ningún sentido pues aquí no se desperdicia ni un hueco de ninguna fachada, es un desfile de carteles y neones, y como no, los coches, motos y bocinas que hacen a las ciudades del sur de Asia tan especiales.

Decidí continuar hasta la plaza Durbar para verla iluminada pero cuando llegué a un callejón sin luces y estrecho se acabó mi valentía viajera y volví al hotel a descansar para mañana, donde volveré a intentar, jugándome la vida, llegar a al plaza de noche.


Lecciones aprendidas

  • Si lo que más ilusiona del viaje es disfrutar de la montaña no vengas en época de monzón. Las carreteras y caminos quedan anegadas. Las rutas tienen que ser maravillosas pero mejor de Octubre a Diciembre para poder disfrutarlas.
  • Si se viene de Junio a Septiembre merece la pena arriesgarse a pasar una noche en las montañas y esperar a tener suerte. Si la tienes debe de ser una experiencia para toda la vida. ¡¡¡ESTAS VIENDO EL EVEREST!!!
  • Sí el conductor con el que has quedado no llega (probable con el estado de los coches), puede hacer que se te arregle el día y pasar uno de los mejores momentos del viaje. Estas cosas pasan en estos países y es mejor no estresarse.
  • Por la noche, con precaución si vas por calles desconocidas y poco iluminadas.

Plan para mañana: No hay. Investigaré cómo ir a Kirtipur, Bungamati y Dakshinkali.

Hasta mañana.

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