Día 1: Katmandú, monzón y perderse.

Después de unas 17 horas de viaje con escala en Doha llegué a Katmandú (capital de Nepal).

Al llegar al aeropuerto nada reseñable. Gracias a que subieron de categoría mi billete desde Doha a ”Business class” llegué de los primeros al control de visados y lo pude completar rápidamente en las máquinas para ello (hasta te hacen la foto, así que he paseado mis fotos tamaño carnet por medio mundo) y pasando por el mostrador para el pagar los 25 dólares del visado por 15 días.

Tras un breve ‘‘paseo’’ en taxi, hice el registro en el hotel Kathmandú Gran Hotel. Trayecto corto pero, como en todas las ciudades del subcontinente indio, lleno de contrastes y sobresaltos debido al caos del tráfico que estas ciudades tienen. La mayor sorpresa fue ver la ciudad más contaminada en la que he estado. Una nube de polución que no se ha marchado hasta la lluvia de por la tarde. Una polución que te produce cierto picor en la garganta, mayor incluso que la contaminación que vi en Calcuta o Delhi.

En el hotel me recibió el encargado que me hundió toda la (poca) programación que tenía, ofreciéndome un itinerario en coche por Katmandú y alrededores que me permitirá ver todas las zonas declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO en un día por un módico precio. Así que, lo que iban a ser 2-3 días pateando la ciudad se han convertido en 1-2 días para revisitar los lugares que más me hayan gustado o descubrir sitios a los que no pensaba ir.

Una vez decidido el itinerario para os próximos días (que espero ir comentando en este blog) salí a explorar las maravillas que me pudiera ofrecer Katmandú y sus intrincadas y laberínticas calles.

Las primeras sensaciones fueron buenas aunque con cierta desilusión. Esperaba encontrarme el colorido que me enamoró de la India pero, aun siendo un sitio encantador, no encontré ese color ni alegría en las calle, pero solo es el primer día y supongo que el terremoto que barrió el país en 2015 (casi todos los monumentos están con andamios y refuerzos) y el día tan triste que hacía no ayudaban.

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Stupa Kathesimbhu.

Lo que sí encontré fue una ciudad con templos, ”stupas” y pequeños relieves en cada esquina dedicados a multitud de dioses. A resaltar la stupa Kathesimbhu, el más conocido lugar de peregrinación tibetano de la ciudad antigua.

Un punto de tranquilidad y paz dentro de la vorágine es el Jardín de los Sueños, que no es que levante mucho la imaginación pero es un sitio tranquilo, muy verde y donde la polución apenas llega. Ideal para disfrutar un rato leyendo por 200 NRP (1,7€) que cuesta la entrada. Detrás de los jardines hay un palacete abandonado donde viven familias en chabolas y puedes encontrar coches abandonados en el jardín delantero.

Siguiendo mi camino aparecí en la plaza Durbar, principal reclamo turístico de la parte vieja de Katmandú atravesando para ello el curioso cruce Asan Tole, lleno de peatones, motos y coches que intentan hacerse un hueco donde no lo hay.

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Plaza Durbar, en la imagen aparecen 4 templos en apenas espacio.

Llena aún de escombros y con los edificios a punto de derrumbarse, la plaza Durdar, ofrece un sinfín de templos que visitar y disfrutar al verlos todos en apenas unos metros cuadrados de extensión por 1000 NRP (8€). La pena es que los dos edificios más emblemáticos, Hanuman Temple y Gaddi Baithak, estuvieran cerrados debido a su estado.

Mención a parte merecen la infinidad de guías que ofrecen sus servicios en todos los lugares que se visitan. Yo no contraté ninguno pero el servicio no debe de ser malo viendo la cantidad de gente que sí lo hacía.

En mitad del paseo por la plaza calló una tormenta monzónica que pasé tomando un café en la terraza del restaurante Festive Fare, un restaurante con vistas a la plaza.

Una vez que la lluvia dio una tregua pero sin parar del todo decidí volver al hotel por el mismo camino pero parando con más atención para hacer fotos y disfrutar de la ruta bajo la llovizna. Pero gracias a la buena orientación que poseo y al intrincado sistema de calles (monos y vacas incluidos), me perdí. Preguntando a taxistas y a un hotel que tampoco tenían muy claro dónde quedaba mi hotel ni donde estábamos situados en el mapa conseguí llegar sano y salvo y con ganas de empezar mañana otro día más en Katmandú.

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Kal Bhairav, imagen de Bhairav que representa a la deidad Shiva en su manifestación destructiva.

El circuito de mañana incluirá: Swayambhu, Patan Durdar Square, Pashupatinath Temple, Buddhanath Stupa y perderse de nuevo por esta fascinante ciudad.

Hasta mañana.

FB: Viaje al infinito

IG: llopis_ig

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